La Cumbre del G-20, entre altas expectativas y crudas realidades

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La Cumbre del G-20 realizada en Roma, Italia, durante este fin de semana, con la participación de líderes de las principales economías del mundo, despertó grandes expectativas en la comunidad internacional debido a los temas abordados, mismos que podrían cambiar en buena parte el curso de la humanidad durante los siguientes años si se llega a compromisos concretos en materia de salud, finanzas y cambio climático.

Esta cumbre, la primera en su tipo realizada tras la irrupción de la pandemia provocada por el virus SARS-Cov-2 y cuyos resultados desconozco al redactar las presentes líneas, sirvió como escenario para discutir tópicos trascendentales, entre ellos un plan de acción que permitiría garantizar en 2022 la vacunación en contra de la COVID-19 de un 70 por ciento de la población mundial, así como crear un grupo de trabajo encargado de luchar en contra de futuras pandemias.

Los objetivos son relevantes, sobre todo ante el egoísmo imperante en los últimos meses que ha llevado a un puñado de países y bloques regionales como Estados Unidos y la Unión Europea a acaparar los biológicos para inocular a sus poblaciones y han dejado a buena parte del mundo no desarrollado con poco o nulo acceso a las vacunas, lo que ha sido denunciado a lo largo de 2021 por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS).

Otro de los tópicos prioritarios para los líderes del G-20, foro de coordinación internacional sobre políticas macroeconómicas fundado en 1999 y en el que participan presidentes de bancos centrales, además de ministros y jefes de Estado y de gobierno de las principales economías del mundo, ha sido la propuesta de confirmar la aplicación de un impuesto mínimo de 15 por ciento a las empresas multinacionales y a los gigantes tecnológicos en un intento por generar una mejor distribución de la riqueza, en un mundo cada vez más desigual y en el que ha privado desde finales del siglo pasado la exención de impuestos a los más ricos.

El medio ambiente y la lucha en contra del cambio climático fue también materia de la cumbre, que se vio privada de la participación física de dos de los líderes mundiales más poderosos, el ruso Vladimir Putin y el chino Xi Jinping, quienes sólo se conectarían vía remota con sus pares de las otras 17 naciones que conforman el G-20, más la Unión Europea.

La meta de la presidencia en turno del G-20, que corresponde a Italia, en materia medioambiental, era llegar a un preacuerdo con acciones concretas para reducir emisiones contaminantes y así combatir el cambio climático de cara a lo que será la denominada COP26, conferencia que se celebra del 31 de octubre al 12 de noviembre en Glasgow, Escocia, con la participación de los 191 países firmantes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC). Al respecto, es importante señalar que los integrantes del Grupo de los 20 es responsable de más del 75 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

En la misma línea, la cumbre en Roma permitió la discusión sobre la financiación de países pobres para que transiten hacia energías renovables y menos contaminantes, lo que tendría un impacto en la disminución de gases de efecto invernadero y del calentamiento global que han puesto en riesgo la existencia de este plantea denominado Tierra.

Los objetivos de la cumbre fueron ambiciosos y son importantes en una sociedad internacional que en las últimas décadas ha sufrido los embates de los ultranacionalismos y de líderes que desprecian la negociación y el multilateralismo, pero al mismo tiempo son una especie de bumerang, pues de no concretarse se ampliará la desconfianza y el egoísmo.

Entre los nubarrones más difíciles de disipar de la cumbre en Roma estuvieron los temores infundados y las reticencias de tasar con más impuestos a empresas transnacionales y grandes fortunas familiares porque “enfriarían la economía mundial”; el individualismo aún persistente y la ineficiencia para distribuir de forma equitativa las vacunas en el mundo; y las promesas de reducir el consumo de combustibles fósiles de India, China y México, por mencionar algunos países que siguen apostando por industrias basadas en carbón, petróleo y combustóleos.

Los resultados de la reunión del G-20 podrían remodelar al mundo durante los siguientes años si se toman decisiones adecuadas y se cumplen los compromisos, de lo contrario, sólo será una cumbre más, con fotos grandilocuentes de los líderes asistentes, y una gran decepción con efectos negativos importantes para la población mundial.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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