La recuperación de la dignidad

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Hace un mes visité Guelatao, Oaxaca. Como decía alguna vez Carlos Monsiváis, es muy difícil explicar el sentir que se experimenta al llegar a un lugar de tan magna carga simbólica. Simplemente es una experiencia que todo mexicano (a) debería vivir.

 

Y es que el legado de Benito Juárez, quien venció a su propia muerte, es vigente más que nunca. La figura que derrotó al racismo histórico, el campeón de la santa igualdad, el fundador de la mexicanidad, el defensor de México, el apóstol de la libertad de las conciencias es quien nos recuerda otra vez el tesoro que debemos cuidar y nunca perder.

 

Tal vez uno de los momentos cumbre de nuestra historia fue la muerte de Maximiliano en el Cerro de las Campanas y la razón de ello es que en ese momento se decretó el nombre de México en el tiempo y en el espacio y tal como soñó Ignacio Zaragoza dicho nombre empezó a ser feliz y respetado por todas las naciones. Se recuperó la dignidad de nuestra patria.

 

Por muchos años la noción de lo nacional, de lo público, de lo común ha sido suprimida. Esto, por supuesto, ha tenido resonancia en la política pública y ultimadamente en el diario vivir de millones de mexicanas y mexicanos. El costo que habremos de pagar por ello no es bajo ni se saldará en un periodo corto de tiempo (no me queda claro por qué muchos economistas y científicos sociales no entienden esto). Eso es algo que tenemos que aceptar, pero también nos alienta a actuar y para ello sólo es preciso recordar.

 

La semana pasada Andrés Manuel López Obrador salió del país por tercera vez en su sexenio. ¿Por qué es importante hablar de ello? Más que por otra cosa, por el simbolismo implícito del acontecimiento. Sin duda alguna la visión de país que comparte la gran mayoría de mexicanos está siendo correspondida por un cambio de grandes dimensiones desde la forma de hacer política pública y eso se ve reflejado nuevamente en la forma de hacer diplomacia y política exterior.

 

Así como en esos ayeres, ahora México vuelve a recuperar su dignidad, paso preciso e indispensable para trazar y caminar un proyecto de nación. No hay modelo económico que sirva ni estrategias suficientes para resolver los grandes problemas nacionales si no hay un camino que recorrer y ese no existe si antes no nos reconocemos con nuestros errores y virtudes y actuamos dignamente como sociedad.

 

El símbolo de la visita de la semana pasada es justo ese: la recuperación de la dignidad. Dicho fenómeno se vuelve aún más importante cuando el mensaje tomó más fuerza desde el punto de vista de los y las mexicanas en Estados Unidos; se trata simplemente de un aire de dignidad de la mexicanidad. Esto no es trivial. Así como no lo es el sentimiento de llegar a Guelatao, así como no lo es la lucha contra el racismo histórico que Juárez venció y cuya victoria inmortalizó el deseo de México por ser distinto, por ser digno de las virtudes más elevadas del ser humano.

Vivimos tiempos extraordinarios. Vivimos historia.

 

José Ángel Alcántara Lizárraga

Profesor de Economía / Tiempo Completo

Tecnológico de Monterrey, Campus Puebla

 

 

 

 

 

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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