Río Champotón: el paraíso recuperado de los cocodrilos en México

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Sergio MASTRETTA


07 Ene 2022

El arranque de una nueva postal del sol campechano:

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La lancha viborea por el río con la cadencia lenta del danzón que lleva su nombre. Pensar que se recorre el río como por los trazos curvos del cuerpo amado. Pensar que la foresta que lo envuelve es el ropaje que se ha tejido para ceñirlo contra la irrupción del sol que lo deslumbra. Imaginar que la selva sobrevive, que este acoso frutal contra la ribera se extiende tierra adentro por kilómetros y no se extingue en pastizales yertos apenas unas decenas de metros tras los manglares. Pensar que la vida fuera no más que este avance aturdido, interminable, hacia el nacimiento del agua en la selva.

Pero encontrar aquí la vida misma. Aquella que transcurre sin nosotros, a pesar de nosotros. Y, casi como un milagro en esta irrefrenable capacidad mexicana para desgraciar las cosas, gracias al esfuerzo silencioso de biólogos, ambientalistas, funcionarios públicos y vecinos de paraísos como el de Jorge el lanchero y los cocodrilos que encuentro en Champotón.

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Esta historia no tiene un arranque grato. Para entenderla hay que valorar la brutal devastación de las selvas mexicanas.

El río Champotón no aparece con ese nombre en el mapa. Lo nombran los lugareños río San Juan Carpizo por lo menos en el punto en el que transcurre por el poblado de ese nombre. Para los especialistas Champotón es el nombre del río principal de la región hidrológica Yucatán Oeste (RH31), al norte de la laguna de Términos, una cuenca que cubre un 44% de la superficie del estado de Campeche. Tierra caliza, propia de las selvas yucatecas. Corre corto: es  una serpiente de 57 kilómetros desde su nacimiento al norte de la Reserva de la Biósfera de Kalakmul, la masa de selva más grande de México, pero que en su vista suroccidental de la península yucateca ha perdido contra la irrupción devastadora de la economía campesina.

El río, entonces, discurre por una selva imaginaria que apenas sobrevive en los manglares que lo encierran. Su suerte es la de una gran parte del territorio al sur poniente de la península de Yucatán. Es un proceso sufrido a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, cuando el gobierno de la república decidió abrir al reparto de tierras las selvas del sureste mexicano al que no vio más que como una gran reserva agraria. Sucedió igual en las cañadas de la insurrección zapatista que en el extremo sur de Montes Azules, en la frontera con Guatemala. Pero mucho más oculta a la preocupación pública ha ocurrido y sigue ocurriendo en Campeche. La devastación de la selva campechana se ilustra en estas vistas que comparan lo sucedido entre 1984 y el 2020 en el poblado de Sahcabchén, en el municipio de Hopelchén, a 62 kilómetros al este de Campeche.

1984

2020

Según la investigación de Robin A. Canul Suárez para el portal Mongabay,  "México: esto sucede cuando se tumba selva en el territorio maya", con datos de la plataforma Global Forest Watch, entre 2001 y 2019, tan solo el municipio de Hopelchén perdió 186 000 hectáreas de cobertura arbórea, lo que equivale a una disminución del 20 % de lo que se tenía en el 2000. La imagen da una idea clara de lo que ocurre:

Hopelchén, Campeche. Desmonte y quema de la selva en ‎abril‎ de ‎2016; el lugar es hoy parte del campo menonita Las Flores, donde se siembra soya. Foto: Franz López tomada del reportaje "México: esto sucede cuando se tumba selva en el territorio maya", de Robin A. Canul Suarez en el portal Mongabay.

No es sencilla la solución a este proceso de pérdida de selva para la agricultura. Al este del nacimiento del río Champotón en las últimas décadas se han abierto para la siembra de arroz, soya transgénica y maíz híbrido miles de hectáreas. En la imagen elaborada con la herramienta de Google Earth se pueden cuantificar en dos polígonos en una franja vertical de setenta kilómetros más de 100 mil hectáreas de selva perdida para la actividad agropecuaria. Los gobiernos en México han alentado el desarrollo rural con programas como el que en años recientes se propuso para el llamado Sistema de Riego del Valle de Yohaltún: el Programa Estratégico para el Desarrollo Rural Sustentable de la Región Sur-Sureste de México Trópico Húmedo que tiene el propósito de "detonar la producción de alimentos, específicamente del sistema producto arroz, variedad milagro filipino, utilizando el cultivo intensivo con aplicación de riego, y como consecuencia lógica , la generación de empleos temporales y permanentes y el uso de la mano de obra calificada y no calificada de la zona de influencia del proyecto, dentro de un contexto de sustentabilidad." Programas de esta índole se suceden a lo largo del tiempo desde los años setentas con Luis Echevarría: contra la presión por la tierra en el centro y norte del país, la alternativa se encuentra en la dotación ejidal de tierras en las selvas de Chiapas y Campeche, igual en la Selva Lacandona que en Hopelchén y Champotón.

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Foto de Ana Mastretta.          

Nos contempla con su bocaza descarrilada y sonriente. Apacible, aburrido diré mejor, presume con la cola dinosáurica los 200 millones de años que nos llevan de ventaja los de su clase en este mundo. Calculo en metro y medio su largo, un cocodrilo joven, y si como afirma el lanchero Jorge, bien puede ser una de tantas crías que “la Niña”, una señora lagarto de cuatro metros bautizada así por los pescadores hace unos años, cuando la devolvieron marcada y midiendo apenas 50 centímetros en algún rincón del río.

Jorge lo cuenta como si cualquier cosa. Como si no bastara su capacidad para descubrir lagartos tomando el sol entre decenas de troncos similares pelados a la orilla de la ribera, piensa en que estos dientudos tienen una mamá que en algún momento ha visto por ellos.

 

La historia de "La Niña"

Y sí, la fotógrafa Ana Mastretta Yanes no dejado que se escurran en el agua antes de capturarlos para nosotros:

Foto de Ana Mastretta Yanes.

Foto de Ana Mastretta Yanes.

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Suerte de turistas, en el paseo hemos avistado cinco de estos colmilludos lagartijones, dos de ellos de no más de medio metro en calidad de bebesaurios al sol. Luego averiguaré que son de la especie conocida como Cocodrilo de Pantano (Crocodylus moreletii), una de las tres especies de cocodrilos existentes en México –hay 23 en el mundo--, y al igual que sus parientes Caimán (C. crocodilus) y el Cocodrilo Americano (C. acutus), está en veda total y permanente desde los años setenta, cuando estuvieron a punto de extinción. Esta belleza, ella o él, a saber si lo adivina un experto, es una prueba de que los esfuerzos de recuperación y conservación de la biodiversidad mexicana llegan a tener éxito. La vimos de refilón al pasar, pero nos dio la oportunidad de observarla al regresar de inmediato y en silencio al punto en el que descansaba: