El período, el final de una sentencia

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Recientemente vi un documental en Netflix, llamado: “Period. End of a sentence”.

El documental trata de la vida de las mujeres en la India, donde el tema de la menstruación es un tabú, un “problema”, una “enfermedad” vista por los ojos de los niños o la desinformación de las propias mujeres.

Podemos compararnos con dicho país y decir que nosotros no sufrimos de eso, sin embargo, no es así.

Recuerdo que cuando era adolescente y compraba toallas femeninas, el señor de la tienda, las envolvía en papel periódico como si se tratara de un secreto, de un misterio, para evitar que la gente viera que estabas en tu periodo; nunca lo entendí, solo hasta que vas creciendo y cuando empiezas a ir a la escuela y te sientes mal, tienes que hablar en voz baja para decir que “estás en tus días”.

Difícilmente, el papá habla con la hija de esos temas, le corresponde a mamá, ya que ella “sufre de lo mismo”; de igual manera los cuidados, contadas veces, los papás o hermanos te llevan una pastilla para disminuir el dolor o llevar trapos calientes para sentir un poco de alivio.

Ni hablar en el trabajo, se ha hecho tan común escuchar frases como: “de seguro está en sus días”, “siempre se pone así”, si supieran qué sentimos, no solo es un dolor físico en el vientre, a veces tu cuerpo se hincha, sientes un malestar indescriptible que solo quisieras estar acostada, envuelta en tus cobijas.

No digo que todas les sucede lo mismo, pero si a la mayoría.

En días previos, una senadora en nuestro país, propuso reformar y adicionar a la Ley Federal del Trabajo, para que las “personas menstruantes gocen de 8 horas al mes ante la imposibilidad de llevar a cabo su jornada laboral durante su periodo menstrual”.

Si bien es cierto, la primera vez que lo leí, expresé estar de acuerdo con dicha iniciativa.

Y aunque es un tema polémico, al reflexionar en dicha iniciativa, tal vez es tardía o innecesaria, no porque a veces te sientas morir y prefieras estar a solas; sino porque las mujeres no nos detenemos por nada. Así nos sintamos mal, así sea una gripita o un dolor más fuerte, siempre nos hemos levantado a cocinar, hacer la limpieza, cuidar a los hijos, ir al trabajo, soportar los tacones, ir paradas en el transporte, regresar cansadas a casa, hacer la limpieza, preparar el uniforme, ayudar a los hijos con las tareas, compaginar la vida profesional con la personal; y así se nos va la vida, tomando tés de manzanilla, poniéndonos fomentos para sentir consuelo, planchar trapitos para ponernos en nuestro vientre y recostarnos unos minutos, para continuar con nuestras obligaciones.

Y sin importar el país en que vivamos, de nuestra cultura, nuestro nivel socioeconómico, y nuestras condiciones, todas hemos pasado por situaciones embarazosas, como el que se te manche la falda o pantalón, buscar quien te pueda regalar una toalla femenina porque se te adelantó tu fecha, aguantar los dolores de todo el cuerpo y soportar “machín” por esa es nuestra cruz.

Y no, no es una cruz que tengamos que aguantar, es un proceso biológico que requiere entendimiento, que requiere un poco de empatía y apoyo, que requiere ser tomado como lo que es, un proceso natural, un proceso dónde padres también deberán de acompañar a las hijas a la ginecóloga, a acompañarlas en sus “días”, a saber de los diferentes métodos anticonceptivos, durante ese proceso natural que todas las mujeres vivimos desde la menarquia hasta la menopausia, y dejar de estigmatizarnos con que estamos locas, señalarnos que nuestro comportamiento es debido a nuestra falta de madurez para sobrellevar esos días difíciles.

Solo ser visto como lo que es, un proceso natural del cuerpo de la mujer que conlleva a formar nuevos seres, sin tabúes, ni secretos, ni “algo” porque sentirse ni apenadas ni señaladas.

Esta columna es a manera de conmemorar, el Día Internacional de la Mujer, no por ser distintas, vulnerables o débiles, es recordar a las mujeres de México y del mundo que, pese a dolores, cansancio o malestar, siempre salimos adelante y buscamos soluciones a lo que parece imposible, que somos fuertes y aguerridas y que nada nos detiene, sino nos detiene un cólico, menos la sociedad que pretende invisibilizarnos y a nuestro período.

 

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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