La unión hace la fuerza

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Me gusta cuando escribo pero me gusta más cuando veo a cientos de miles de mujeres unidas por una causa. Me confieso protagonista, pero también sumamente leal y empática con las causas. Confieso también que llevo más de cinco años sin escribir, una de mis mayores pasiones fue puesta voluntariamente en pausa. Vuelvo porque la sangre llama, aquella sangre que corre por mis venas desde por lo menos tres generaciones. Escribo porque me da la gana, pero más por esa imperiosa necesidad, como muchas otras, de ser escuchada.

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Veo con tristeza, rabia e impotencia que muchas mujeres se rehúsan o ni siquiera se han dado cuenta de los patrones machistas que persisten a la hora de sumarse tan sólo a una marcha o a un día significativo como el 8M. “La unión hace la fuerza”, es la máxima que debiera predominar para generar un cambio significativo en la dismución de la violencia contra las mujeres.

El 8 de marzo desperté y lo primero que vi al tomar mi celular fueron mensajes de felicitación por parte de los vecinos (hombres) en “nuestro día” y antes de que dieran rienda suelta a su ignorancia o miopismo -llámenle como quieran-, me atreví a decirles que no había nada que celebrar, que las cifras no mentían: más de 10 mujeres asesinadas al día en México. Y así ante cifras escalofriantes… me tundieron ni más ni menos que las mujeres de ese chat -los hombres enmudecieron-, pero ellas salieron a defenderlos y hasta les agradecieron por ser quienes “velan por nuestra seguridad”, por sus “buenas intenciones”. Bueno, hasta la que dijo que mejor me manifestara “en los medios adecuados”.

Si seguimos perpetuando desde el hogar estereotipos de género como el que necesitamos de un hombre para que nos salve cual princesas de cuento, o el clásico “calladita te ves más bonita”, difícilmente lograremos cambios significativos en nuestra batalla por la igualdad de género.

Si un chat de vecinos o nuestra propia casa no son “el medio adecuado” para cambiar mentes y costumbres tan arraigadas como espantarse por una mujer que reprocha a un hombre por felicitarnos en “nuestro día” y no dice nada por los 58 violaciones que suceden a diario en nuestro país, entonces sí, algo está muy pero muy podrido en nuestra sociedad.

Si no hay cambios internos y personalísimos, seguiremos criando machos alfa que se creen con el derecho de violentarnos, seguiremos normalizando la sangre fría con que nos matan, y justo esto: seguiremos felicitándonos en un día donde todos y todas deben gritar al unísono: ¡Ya basta!

Como dice la psicóloga española María José Díaz-Aguado: “No se nace maltratador ni se nace machista, se aprende por imitación. Principalmente en casa. Y tanto de la madre como del padre”.

El cambio sí se genera en marchas tumultuarias como la que acabamos de ver hace unos días en la CDMX, donde cientos de miles de corazones morados latieron al unísono clamando libertad, igualdad y justicia… pero estoy convencida que el cambio más grande y significativo se logra cuando en nuestros hogares, hombres y mujeres, se pongan la camiseta y desde casa (si no es posible salir a marchar) apoyemos la causa con empatía, sin criminalizar, con mensajes en redes, en chats y hasta donde sea necesario para que “la dignidad se vuelva costumbre”.

*Mujer, madre y periodista incluida en la lista de 100 Mujeres Líderes del periódico El Universal, máster en Periodismo por la Complutense de Madrid y licenciada en Comunicación por el ITESM. Actualmente, y hasta que el cuerpo aguante, directora de elpopular.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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