Cuando reaccioné, la vendedora de tlayudas estaba ahí…

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Por un instante sentí que un ser maligno se apoderó de mí: la furia corrió por mis venas, maldije con todas mis fuerzas, deseé la muerte, me sentí avergozada y con unas ganas tremendas de que me tragara la tierra. Por un momento lloré, luego me entró un ataque de risa, me sudaron las manos como siempre cuando me pongo nerviosa, me quedé en blanco, no supe qué decir. Deseé que fuera sólo un mal sueño, pero cuando reaccioné, cuando reaccionamos, la señora que vendía tlayudas estaba ahí…

Hace unos días en plena inauguración del aeropuerto de AMLO, la imagen de una vendedora ambulante de tlayudas, se hizo viral. De inmediato, la sociedad se polarizó y empezó la lucha sin fin de los últimos cuatro años entre “chairos” y “fifís”. Los que demostraron su descontento, se horrorizaron ante la imagen de un mujer ambulante vendiendo comida en un aeropuerto internacional. “De pena ajena”, “Qué vergüenza”, “Aeropuerto de quinta”, entre muchas otras frases despectivas. Al contrario, los aduladores del gobierno se enorgullecieron.

La imagen de la mujer podría quedar en el anecdotario de las pifias o grandes logros -según si su corazón late guinda o no- del gobierno de la 4T, pero toma relevancia al analizar los números y ver que esa mujer, Guadalupe Piña, es parte parte de lista del 56.6% de personas que viven en la informalidad en nuestro país.

En entrevista para La Silla Rota, Lupita -como le dicen de cariño-, dijo tener 29 años, ser madre de cuatro hijos y, desde hace 12 años, junto con su esposo, vende huaraches a 35 pesos la pieza. Dos de sus hijas tienen problemas de salud, pero con sus ingresos no les alcanza para llevarlas al especialista. En el año de 2015, Lupita fue recluida en el penal de Santa Martha Acatitla, donde estuvo encerrada por tres días por no tener permisos para vender comida.

De acuerdo con el Inegi, de los 32 millones de personas registrados bajo la informalidad laboral, 12 millones son mujeres como Lupita, quienes “muchas veces deploran” la actividad que realizan por las pesadas jornadas laborales, sumado al trabajo doméstico, al cuidado de los hijos y a los propios riesgos a los que se enfrentan por el simple hecho de trabajar en las calles y ser mujeres, “pero tienen que permanecer por falta de alternativas”, según resultados del estudio Ciudad, mujer y conflicto: el comercio ambulante en el DF, publicado en 1991.

Ante la imagen de Guadalupe Piña perdemos todos. Ella porque serguirá siendo parte del 56.6% de los mexicanos que no tienen un ingreso fijo y que viven al día en condiciones paupérrimas; el presidente López Obrador por querer vendernos un “aeropuerto del pueblo”, sólo mostró su lado más vulnerable: un gobierno fallido que no ha logrado abatir la pobreza, y perdemos nosotros, la sociedad en general, al mostrar nuestro lado más frívolo y egoísta.

Clamamos por justicia social, pero cuando vemos la imagen de una mujer de escasos recursos partiéndose el lomo para ganarse la vida, reflejo de nuestro México, perdemos los estribos porque nos preocupa más el qué dirán que las personas. No se trata de “fifís” o de “chairos”, se trata de que vivimos en México muy pero muy jodido, donde, de acuerdo al IMCO, el avance de la informalidad generó un incremento de los empleos precarios que afecta la calidad de vida de las personas.

*Mujer, madre y periodista incluida en la lista de 100 Mujeres Líderes del periódico El Universal, máster en Periodismo por la Complutense de Madrid y licenciada en Comunicación por el ITESM. Actualmente, y hasta que el cuerpo aguante, directora de elpopular.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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