Elecciones en Francia: implicaciones mucho más allá del territorio nacional

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Hoy domingo, los franceses escogen entre los dos “finalistas” de las elecciones presidenciales. Como Emmanuel Macron y Marine Le Pen juntaron el mayor número de votos en la primera ronda, con respectivamente casi 28% y poco más de 23% de los votos expresados, les toca enfrentarse en la ronda final.

Por consiguiente, los electores tienen ahora sus opciones limitadas a estas dos figuras. Como uno es de derecha y la otra de extrema derecha, numerosos ciudadanos franceses no se identifican con ninguno de los dos proyectos propuestos, lo cual resultará en una abstención que se anticipa como la mayor jamás registrada para este tipo de elecciones en el país.

Esta baja participación resulta paradójica porque el camino que los franceses están a punto de escoger tendrá implicaciones no solamente en el plano doméstico, sino también a nivel internacional. 

Por un lado, al postularse por un nuevo mandato presidencial de cinco años, Macron resalta de forma insistente que mantenerlo en el Palacio del Eliseo representaría una garantía de estabilidad y continuidad en la política exterior francesa, un argumento de peso en un contexto internacional tan sacudido como el que conocemos ahora. 

En cambio, en línea con su postura notoriamente nacionalista y “soberanista”, Le Pen propone una acción mucho más centrada en el interior, con un menosprecio hacia el multilateralismo que es evocador de la actitud que el mismo Trump había asumido en su momento.

Durante su quinquenio, Macron se aseguró que Francia asumiera un rol de primer plano dentro de la Unión Europea. Este esfuerzo quedó especialmente visible cuando se trataba de diseñar y aplicar una estrategia común para hacer frente a la crisis provocada por la pandemia, en sus dimensiones tanto sanitarias como económicas. Al contrario, Le Pen promueve un modelo alternativo que denomina como “Europa de las naciones”, que fundamentalmente consistiría en vaciar al bloque existente de su sustancia y convertirlo en un mero espacio de diálogo y concertación, con muy pocos poderes propios. Consciente de que la perspectiva de un Frexit no resultaría atractiva para buena parte del electorado, la candidata prefiere ahora anunciar medidas puntuales de corte populista – como reducir de manera unilateral la contribución gala al presupuesto europeo – dejando deliberadamente a un lado el hecho de que iniciativas como ésta sumiría al bloque en una profunda crisis institucional en la que su propia existencia estaría en entredicho. 

Los posicionamientos de cada uno respecto a la OTAN repiten este mismo patrón: por un lado, el presidente saliente insiste en la relevancia de la alianza militar, mientras que su adversaria anuncia que sacaría a su país del “mando integrado militar”, una manera de tomar sus distancias respecto al grupo sin abandonarlo por completo. Nuevamente, esta manera de proceder por parte de Le Pen es el resultado de su intención de combinar su ideología nacionalista con el imperativo de seducir a electores más allá del núcleo de sus fieles seguidores.

La actitud frente a Rusia revela otra línea de fractura entre ambos programas. El inicio de la guerra en Ucrania fragilizó a Le Pen, quien había descartado la posibilidad de tal suceso y cuyas simpatías con Moscú eran de notoriedad pública. Señal de esta cercanía, un folleto electoral distribuido por su equipo de campaña poco antes del inicio de la invasión incluía una imagen de la candidata, sonriente, estrechando manos con el maestro del Kremlin, igualmente encantando por el encuentro. Probablemente por cálculo electoral, la lideresa ultraderechista se resolvió a denunciar la invasión, lo que no le impidió señalar su intención de sellar una “alianza estratégica” con Putin (luego hablaría más bien de Rusia) en cuanto terminara la guerra. Por su lado, Macron ha mantenido una postura más firme frente al Kremlin, promoviendo y adoptando sanciones en el marco de la UE, sin romper los puentes de comunicación a fines de negociación.

Dos proyectos muy distintos, y dos concepciones radicalmente opuestas del rol que Francia debe jugar en el escenario internacional. Hoy en la noche – 13:00 en México – sabremos qué cara Francia mostrará al mundo durante los próximos cinco años.

 

Barthélémy Michalon

* Profesor de tiempo completo del Tecnológico de Monterrey en Puebla, en la carrera de Relaciones Internacionales – bmichalon@tec.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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