Lunes 05 de Enero de 2026

Leía una nota en estos días de descanso que llamó mi atención por su contenido. Hacía un repaso sobre las mentiras, falsedades o distorsiones que durante el 2025 pronunciaron las personas que se dedican a la política en España. (El País, Las grandes falsedades del 2025, 25/12/2025).

Esto me llevó a recordar un buen número de mensajes que con las mismas características hemos escuchado en México, por ejemplo: “En mi gobierno no habrá amiguismo, nepotismo e influyentismo”, “Se acabó la corrupción y la impunidad”, en referencia al sistema de salud mexicano “No, no es como en Dinamarca, es mejor que en Dinamarca”, “La libertad de expresión y la transparencia son principios fundamentales de este gobierno”, o el “No somos iguales”, y podríamos continuar haciendo el recuento de tantas más, no solo de los tiempos actuales, también de los tiempos pasados.

Sin embargo, los tiempos actuales marcan una gran diferencia: nos podemos enterar de hechos y datos que desenmascaran cotidianamente muchos de estos mensajes engañosos en minutos vía las redes sociales.

Tal vez por eso creo que este ejercicio podría servirnos para que esas voces reconsideren sus mensajes que escuchamos diariamente, si tan solo toman en cuenta que el 2026 es el año en el que inicia formalmente el proceso electoral 2027, que arrancará en la primera semana de septiembre de este año; que habrá elecciones en la mitad del país, incluida la entidad poblana, donde habrá una concurrencia de elecciones: elegiremos diputaciones locales, presidencias municipales, Poder Judicial Estatal y también Federal.

Y es que muchos de esos mensajes han abonado al deterioro paulatino de la confianza ciudadana, provocando su desgaste no sólo por las muchas mentiras fácilmente comprobables, sino también al evidenciar diariamente sus contradicciones.

Requerimos entonces eliminar el descrédito en que han incurrido muchos hombres y mujeres de la política con el uso de esta retórica, ya que, aun cuando actualmente el control de todo el andamiaje político lo tiene la Presidencia de la República —me refiero al control de los otros dos Poderes del país, el Legislativo y el Judicial—, la Fiscalía General de la República, veintidós estados de la República y otros tantos municipios del país, la situación de lo político vive tiempos altamente complejos.

Sin olvidar que en el tintero hay una reforma electoral en ciernes que sin duda abonará a la complejidad del proceso electoral del 2027.

El partido oficial, Morena, que tiene las mayorías actualmente y que es el partido en el gobierno —de ahí su importancia— presenta una erosión y un deterioro progresivo en su imagen pública por tantos y tantos escándalos de corrupción y ostentación en sus estilos de vida, contradictorios a su propuesta de austeridad republicana; los numerosos casos muy graves de vínculos con negocios multimillonarios, como el huachicol, ya no pasan desapercibidos, y mucho menos por el alto grado de corrupción y la impunidad permanente que prevalece; se perciben ineficacias en el ejercicio de gobernar y una
creciente y muy notoria rivalidad interna.

De ahí que los hombres y mujeres de la política, de todos los partidos políticos, podrían considerar que todos esos mensajes mentirosos, falsos o distorsionados sin duda influirán en las decisiones, para que además no sigan deteriorando a la política.

Porque no hay que olvidar —como bien se ha escrito— que el futuro no se improvisa, se construye. Y que ningún proyecto político es irreversible.