Jueves 08 de Enero de 2026

El lenguaje sobre la historia

Paul Medrano nos presenta diez cuentos cuyas historias hablan sobre la vida cotidiana en Acapulco, un escenario de anécdotas potentes y reconocibles en la literatura de Medrano; si acaso, un par de esos cuentos –“La maldición del Halley” y “Sangre de Narciso”– rayan en historias de corte fantástico o mágico, las cuales, a veces, nos brinda el trópico. Es importante señalar que al usar el adjetivo “mágico” no aludo al realismo mágico tropical al estilo garciamarquiano; por el contrario, en las historias de Paul Medrano nos encontramos con historias salvajes por el temperamento de sus participantes o cachondas por naturaleza humana. Así que aquí no encontraremos mariposas amarillas.

Paul Medrano es autor de libros como Deudas de fuego (Instituto Tamaulipeco de Cultura, 2013), Balada de testaferro (Secretaría de Cultura de México, 2016), Nieve de mango (Praxis, 2017), Acapulco Punk y otras historias del sur (UANL, 2020), entre otras publicaciones.

En Mala Resina, hay una apuesta interesante por el trabajo con el lenguaje, con el uso del léxico acapulqueño –o guerrerense (sic)–, lo que le da un valor diferente al libro. Ahí es donde Medrano muestra su maestría y nos enseña a ver más allá de las historias, pues deja de lado la anécdota –que en algunos cuentos es sencilla o con un final predecible– y es cuando el cuento sale a flote y gana por knock out gracias al peso específico que se le da al manejo del habla de los personajes. A título personal, considero que el tratamiento lingüístico fue lo que inclinó la balanza a la hora de dar el veredicto para otorgarle el premio.

Cuando el lenguaje se convierte en un reto escritural y lector estamos ante verdadera literatura: no se trata de una experimentación con el lenguaje, ni una calca del habla coloquial de la costa. No. Estamos ante la invención de un universo –con su propia fauna y flora, aunque se encuentre integrada por cocos– que mimetiza a sus lectores y los lleva de la mano por los senderos de un lenguaje traído de lo oral hacia lo escrito. Acaso debería decir: “inspirado” en lo oral, sin embargo, el verboide no le hace justicia a lo que Medrano presenta en Mala Resina.

Paul Medrano es capaz de captar los giros lingüísticos y hacerlos aparecer en forma de imagen y de música en la hoja, con mucho ritmo, para que el lector le dé la entonación calurosa y entienda el meneo costeño de la lengua:

“Un bajacocos debe ser antetódun amansa macas, le dijo el Chancaique a su hijo el Chancaiquito. Eso es de cajón, le siguió Radilla, su contlapache. Hay que pasarse todo el día tendido en ella paque se amolde a lespalda. Paque los hilos agarren forma. La maca que no pasado por un bajacocos, no puede ser buena maca” (p. 25)

Las historias son brutales y cachondas, la sudoración nos resbala en el rostro; el humor estalla entre los finales de los cuentos como un resorte.

Paul Medrano acuña términos que nos suenan al habla costeña, inventa palabras y nos las presenta como si todos habláramos de esa forma. No le hace concesiones al lector. Y eso, por supuesto, se agradece.

Mala Resina de Paul Medrano. Universidad Autónoma de Nuevo León, 2025.

Mala resina de Paul Medrano