Jueves 22 de Enero de 2026

“No hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla”, dice la frase popular. La semana pasada, la presidenta de la República convocó a la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral para que le reportara los avances y resultados que arrojaron las audiencias públicas, organizadas por esa comisión durante gran parte del segundo semestre del año pasado.

Hay que recordar que este grupo de trabajo está encabezado por Pablo Gómez y fue creado ex profeso, mediante decreto presidencial el 4 de agosto de 2025, con el objeto de analizar el sistema electoral actual y proponer mejoras que garanticen elecciones libres, transparentes y representativas.

Así, no existe otra vía para aterrizar y materializar estas propuestas, que, a través de una reforma electoral, que cambie disposiciones de la Constitución y sus leyes secundarias.

Un experto en el sistema político mexicano me dijo hace algunos días, con total acierto, que, con el paso de los años, cada reforma al sistema electoral y al sistema político, ha obedecido a circunstancias particulares que tuvieron como consecuencia la modificación de reglas electorales.

Sin duda, las reformas electorales en nuestro país han tenido diferentes matices. Motivos suficientes existieron en su momento, para que en la reforma de 1977 se ampliara la representación proporcional del Congreso de la Unión y se reconociera legalmente a los partidos de oposición.

Mismo caso en 1990, para que la organización de las elecciones pasara de la Secretaría de Gobernación al Instituto Federal Electoral; al igual que la regulación del modelo de comunicación política de 2007 que prohíbe la compra de propaganda en radio y televisión y le otorga la potestad al Estado de administrar los tiempos oficiales para que los partidos hagan uso de estos medios.

La última reforma de gran calado es la de 2014, permitiendo la injerencia del ahora llamado INE en las elecciones locales, así como la regulación de la reelección y la figura de las candidaturas independientes.

Regresemos al momento actual. Si bien se ha generado un debate público ante una eventual reforma, me parece que ha sido muy clara la presidenta de la República, al anunciar en una reciente conferencia mañanera, algunos de los componentes que formarán parte de la iniciativa que presentará el Ejecutivo para su discusión y aprobación del Legislativo, en el siguiente periodo ordinario de sesiones que inicia el próximo mes.

Estos componentes son: 1) la reducción de gastos en general, tanto para las instituciones que organizan elecciones, como para partidos; 2) modificar la forma de elección de legisladores de representación proporcional; 3) robustecer la democracia participativa, tanto a nivel federal, como estatal y municipal; 4) mejorar el sistema de votación para los mexicanos que viven en el exterior del país; y 5) fortalecer el sistema de fiscalización hacia candidatos y partidos.

De bote pronto, sin conocer aún la iniciativa que se va a presentar, observando estos matices, tengo la impresión de que la próxima reforma electoral, perfeccionará el modelo de la participación ciudadana en las elecciones y eso es una buena noticia.

Le agradezco mucho a Caro Fernández por haberme invitado a hacer uso de este importante espacio de opinión. Aquí estaremos analizando temas electorales y jurídicos de su interés.