Lunes 26 de Enero de 2026 |
Esta semana, durante la sesión de Cabildo, quedó en evidencia una práctica que suele pasar desapercibida pero que tiene consecuencias profundas: la abstención frente a decisiones relacionadas con juventudes. No fue un asunto menor ni un trámite administrativo. Fue un mensaje político. Porque cuando se trata del futuro de la ciudad, no decidir también es decidir. Y cuando el tema son las juventudes, el silencio institucional se convierte en una forma de abandono. Como presidenta de la Comisión de Seguridad y Justicia del Ayuntamiento de Puebla, he insistido en que no podemos seguir hablando de seguridad sin hablar de juventudes. No existe en nuestro municipio una política integral de seguridad con enfoque juvenil, y ese vacío no es menor: se traduce en más exclusión, más abandono institucional y más riesgo social. Durante décadas, la política pública ha tratado a las juventudes desde dos extremos igual de dañinos: el asistencialismo superficial o el enfoque punitivo. O se les reduce a beneficiarios pasivos, o se les mira únicamente como población de riesgo. En ambos casos, se les niega algo fundamental: su condición de sujetos de derechos y actores centrales en la construcción de comunidad. Cuando una autoridad decide abstenerse frente a programas, presupuestos o iniciativas que buscan fortalecer la prevención, el espacio público, el deporte, la cultura o la participación comunitaria, no está siendo prudente. Está renunciando a una responsabilidad básica del Estado: crear condiciones para que las juventudes tengan La seguridad no comienza en la patrulla ni termina en la detención. Comienza en el territorio, en la escuela, en el parque, en el barrio, en las oportunidades concretas que se ofrecen a quienes hoy están construyendo su proyecto de vida. Apostar por juventudes es apostar por prevención. Es invertir hoy para no lamentar En el plan de trabajo de la Comisión de Seguridad y Justicia que presido, hemos establecido como eje prioritario impulsar una seguridad con enfoque de juventudes. Esto implica cambiar la lógica tradicional: pasar del control al acompañamiento, de la reacción a la prevención, del discurso al trabajo territorial. Implica también coordinar políticas públicas que hoy operan de manera fragmentada y sin una visión común. Gobernar no es administrar inercias. Gobernar es tomar decisiones, incluso cuando son incómodas. Y en el contexto actual, donde la violencia, la desigualdad y la desconfianza institucional afectan de manera desproporcionada a jóvenes, el silencio político se convierte en una forma de omisión estructural. No se trata de protagonismos ni de disputas partidistas. Se trata de entender que cada voto, cada abstención y cada ausencia en el debate público tiene consecuencias concretas en la vida cotidiana de miles de jóvenes poblanos. Yo no me abstengo cuando se trata de juventudes. Como presidenta de la Comisión de Seguridad y Justicia, asumo con responsabilidad el compromiso de impulsar una seguridad con enfoque preventivo, territorial y humano. Estoy del lado de la dignidad, del futuro y de la corresponsabilidad pública. Porque gobernar no es acomodarse al silencio cómodo. Gobernar es tomar decisiones que transformen realidades. Y en Puebla, el futuro se juega hoy, en cada joven que decide si la ciudad le ofrece oportunidades o únicamente obstáculos. Ahí es donde se define, verdaderamente, de qué lado de la historia queremos estar. |