Lunes 26 de Enero de 2026 |
El Movimiento de Regeneración Nacional basó, en parte, su arrollador triunfo en los comicios consecutivos de 2018 y 2024 en una serie de promesas de campaña. Dos palabras fueron la base de las victorias: corrupción y austeridad, oferta aceptada por la población que había vivido en el sexenio anterior toda clase de desmanes y abusos por parte del gobierno priista de Enrique Peña Nieto. La oferta era generosa y todavía mejor cuando se anunció que, en esos gobiernos, se aplicaría un programa de austeridad, se borraría la corrupción y seríamos autosuficientes en granos básicos, mientras que la gasolina bajaría su costo de forma gradual. Se dijo también que tendrían una política de seguridad, basada en “abrazos, no balazos”, educando. No se construirían obras faraónicas, ni mucho menos elefantes blancos. Y se dotaría al pueblo de un sistema de salud ejemplar, similar al de Dinamarca. Todo lo anterior no fue posible durante la administración de López Obrador, aunque se consideró que la 4T estaba aprendiendo a gobernar, por lo que se otorgó el beneficio de la duda y se optó por apoyar a la hoy presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ganó con gran ventaja en las urnas. Atrás quedaron las promesas de campaña de AMLO: no hubo autosuficiencia en granos básicos, tampoco bajó el precio de la gasolina (se incrementó); las obras de beneficio para el pueblo se concretaron en un aeropuerto que casi nadie usa, un Tren Maya con pocos usuarios, una refinería que apenas produce, un sistema de salud al que no le encuentran la cuadratura y un tren interoceánico con grandes deficiencias. Los costos de las “grandes obras” del sexenio crecieron desmesuradamente, mientras la delincuencia gozó de impunidad. Corrupción e impunidad, las palabras base del discurso, quedaron en el olvido durante el sexenio pasado, remarcándose aún más durante la presente administración. El olvido no fue tan notorio en la administración pasada por el miedo que inspiraban a algunos las amonestaciones presidenciales, mismas que en la actualidad no causan el mismo efecto. Tal parece que los llamados presidenciales emitidos por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no impresionan a quienes desoyen la austeridad y a quienes no les importa corromper o ser corrompidos. La adquisición de viviendas suntuosas, alejadas de los ingresos que tienen los servidores públicos, se hace cada vez más notoria. Los viajes internacionales de lujo, con vuelos de primera clase o en business class, también dejan huella, además de los privilegios que se adjudican otros con recursos públicos para gozar de canonjías. Aquello de “no somos iguales” es una total falacia; cada vez muestran más que, lejos de ser iguales, son peores, y que conjuntamente con corrupción y austeridad forman un conjunto de palabras huecas que ocultaron la realidad de lo que se venía. Marina del Pilar Ávila, Gerardo Fernández Noroña, Geraldine Ponce, Andrés Manuel López Beltrán, Adán Augusto López, Carlos Torres, Mario Delgado y los ministros de la Corte, entre otros, son una prueba de que la austeridad es un mito más de la 4T. |