Martes 03 de Febrero de 2026

El oro y la plata han mostrado un incremento sostenido en su valor durante las últimas semanas, alcanzando máximos históricos que reflejan el nuevo contexto de incertidumbre económica y financiera internacional. El oro superó los 5,594 dólares por onza, mientras que la plata rebasó la barrera de los 100 dólares por onza, niveles no vistos previamente. Este comportamiento responde, en buena medida, a los ajustes en la política monetaria global y a la expectativa de cambios en la Reserva Federal de Estados Unidos, impulsados por la intención de Donald Trump de redefinir su rumbo tras la nominación de Kevin Warsh, lo que ha generado nerviosismo en los mercados y una mayor demanda de activos refugio.

En el panorama mexicano, este escenario representa un factor que abona a la estabilidad macroeconómica y abre oportunidades estratégicas. México se mantiene como el principal productor mundial de plata, con una producción estimada de 6,300 toneladas métricas en 2024, destacando no solo por el volumen, sino por su capacidad de extracción, eficiencia operativa y experiencia minera. Esta posición coloca al país en un punto clave para aprovechar el auge de sectores de alta tecnología y valor agregado.

La plata es un insumo esencial para la transición energética, la industria electrónica, los centros de datos, los vehículos eléctricos y, de manera creciente, para la infraestructura que demanda la Inteligencia Artificial. Esta industria, que hoy se estima en 279 mil millones de dólares, podría escalar hasta 3.5 billones de dólares en 2033, lo que implicará una demanda exponencial de componentes donde la plata será estratégica.

Ante este contexto, México enfrenta un reto estructural: evolucionar de un modelo basado en la simple extracción hacia uno de transformación productiva. La plata puede convertirse en un motor de desarrollo industrial, capaz de detonar polos de desarrollo, fortalecer cadenas de valor nacionales y consolidar los objetivos del Plan México. Es en este punto donde una visión soberana de país debe prevalecer, priorizando el desarrollo interno y el valor agregado frente a los intereses de las grandes mineras transnacionales que históricamente han lucrado bajo un esquema extractivista.

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