Sábado 14 de Febrero de 2026 |
En Oaxaca solemos hablar de inversión cuando pensamos en maquinaria, inventarios, nuevos locales o tecnología. Pero en la economía moderna hay una inversión que supera a todas en retorno: la educación. No como idea abstracta, sino como capacidad real de aprender, adaptarse y resolver problemas. Hoy, quien aprende más rápido compite mejor. Y quien deja de aprender, se vuelve invisible para el mercado. Durante décadas creímos que estudiar era una etapa: se terminaba la escuela, se obtenía un título y con eso alcanzaba para toda la vida. Ese modelo murió. El mundo cambió de ritmo. La información crece, la tecnología se actualiza y los empleos se transforman. La ventaja competitiva sostenible no es un producto, ni una marca, ni siquiera un proceso: es la habilidad de aprender y reaprender. Por eso, hablar de educación es hablar de productividad, de ingresos, de movilidad social y de paz. Una comunidad con mejores aprendizajes produce más valor, genera empleos de mayor calidad y reduce la desigualdad que alimenta el conflicto. En términos simples: cuando la educación sube, la vida mejora. La educación como inversión: cuando el ROI se mide en oportunidadesEn empresa, el retorno de la educación se ve en tres lugares muy concretos: (1) menos errores y menos desperdicio, (2) mejores decisiones en el piso de operación y (3) mayor capacidad para innovar y servir al cliente. Una persona capacitada no solo ejecuta instrucciones: detecta fallas, propone mejoras y levanta la mano cuando algo no cuadra. En lo público, el ROI se ve en la competitividad de un estado: atrae inversión donde hay talento, crea cadenas de valor más sofisticadas y permite que la economía no dependa únicamente de actividades básicas. Un territorio educado no compite por salarios bajos; compite por capacidades. “La prosperidad no se decreta: se construye cuando la productividad sube. Y la productividad sube cuando la gente aprende.” Lo que está cambiando: cinco tendencias que ya no podemos ignorarEl nuevo mapa educativo ya está aquí. No se trata de moda; se trata de supervivencia en un mercado que premia la actualización. Estas tendencias están redefiniendo cómo se forma el talento: • Aprendizaje de por vida: la educación no termina con un título; se vuelve un hábito permanente. • Microaprendizaje y microcredenciales: cursos cortos que certifican habilidades específicas con rapidez. • Aprendizaje apoyado por inteligencia artificial: plataformas que personalizan ritmo y práctica según necesidades. • Equilibrio STEAM + habilidades humanas: técnica, sí; pero también pensamiento crítico, comunicación, empatía y resiliencia. • Reskilling y upskilling en empresas: reentrenar para nuevos roles y mejorar habilidades para crecer en el mismo rol. La brecha educativa en México: una crítica constructiva y urgenteSi somos honestos, México arrastra brechas que no se corrigen con discursos. El problema no es solo de cobertura; es de aprendizaje. Podemos tener niñas y niños en el aula y, aun así, no lograr que comprendan lo que leen, que usen matemáticas para resolver problemas o que desarrollen habilidades para la vida y el trabajo. Las brechas más visibles suelen repetirse: desigualdad entre regiones, escuelas con infraestructura insuficiente, falta de conectividad, rezagos acumulados desde la primera infancia, y una desconexión persistente entre lo que se enseña y lo que el mundo laboral realmente demanda. A esto se suma un reto delicado: cuando la escuela pierde autoridad y confianza, toda la comunidad paga el precio. Pero criticar sin proponer no sirve. La crítica útil es la que señala el “cómo” mejorar: mejor formación docente continua, evaluación para aprender (no para castigar), liderazgo escolar fuerte, y planes educativos que prioricen lo esencial: lectura comprensiva, matemáticas funcionales, ciencias, habilidades digitales y habilidades socioemocionales. Oaxaca: el reto es doble, pero también lo es el potencialEn Oaxaca la conversación educativa tiene un componente adicional: nuestra diversidad cultural y territorial. Tenemos comunidades dispersas, contextos multilingües, realidades rurales y urbanas muy distintas, y escuelas que enfrentan limitaciones materiales y logísticas. Eso exige soluciones a la medida, no recetas copiadas. El riesgo es claro: si no cerramos brechas de aprendizaje, se amplía la distancia entre quienes pueden acceder a empleos formales y quienes quedan atrapados en informalidad y bajos ingresos. Y el riesgo para las empresas es igual de concreto: sin talento formado, la productividad se estanca, la rotación aumenta y la tecnología se vuelve un lujo inútil porque nadie la adopta bien. Pero Oaxaca también tiene una ventaja poderosa: su gente. Cuando se abren oportunidades reales de formación, las y los jóvenes responden. Lo hemos visto en programas técnicos, en emprendimiento, en oficios especializados y en talento creativo. Lo que falta no es capacidad; falta escala, continuidad y coordinación. Qué queremos impulsar: una agenda sencilla, medible y de alto impactoDesde el sector empresarial no podemos quedarnos como espectadores. La educación es responsabilidad compartida. Proponemos una agenda práctica —para empresas grandes, medianas y pequeñas— que pueda implementarse y medirse:
Un llamado a la conciencia: educar es construir futuroSi queremos un Oaxaca con más empleo formal, mayor ingreso y mejor calidad de vida, tenemos que tratar la educación como lo que es: infraestructura estratégica del siglo XXI. Así como cuidamos carreteras, energía y agua para que la economía funcione, debemos cuidar el aprendizaje para que las personas puedan crecer. A las empresas les digo con claridad: capacitar no es filantropía; es competitividad. Reduce errores, mejora servicio, fortalece la cultura y retiene talento. A la sociedad le digo: exigir educación de calidad no es un lujo; es un derecho que define oportunidades. Y a las autoridades: el éxito no está en prometer; está en ejecutar con continuidad, transparencia y medición. Educar no es solo abrir puertas: es encender luces. Y cuando una comunidad se ilumina, el progreso deja de ser un privilegio de unos cuantos y se vuelve un destino compartido. |