Lunes 23 de Febrero de 2026 |
En marzo de 2020, la pandemia de Covid 19 sorprendió al mundo; de la noche a la mañana la vida se paralizó, las personas dejaron de salir a la calle, los negocios cerraron sus puertas, las escuelas se vaciaron y la economía mundial colapsó. De la nada, los pueblos se llenaron de fantasmas que día con día lamentaban lo que habían perdido: su paz, su comodidad y aquella felicidad que hasta entonces ni siquiera habían notado. La incertidumbre se apoderó de la paz mental de la población. Ante la falta de información clara y oportuna, una vida alterna surgió: se acabaron las reuniones tumultuarias, la familia se volvió a ser más valiosa que nunca, se crearon las escuelas burbujas y la economía se logró mantener medianamente por la comida y el comercio entre la comunidad y negocios alternos que iban surgiendo en el camino. El gobierno se vio rebasado; la desinformación les ganó la batalla, las vacunas no fueron suficientes y poco a poco la muerte se volvió parte de la vida cotidiana.
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Seis años después, esa imagen de desolación se volvió a hacer visible en México, luego de la detención y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, el criminal más buscado del mundo; un déjà vu volvió a nuestra vida. Dramatizado por la entrada de un frente frío y la ceniza del Popocatépetl que tiznó el ambiente, Puebla amaneció otra vez con la zozobra de aquel fatídico 2020. Las redes sociales planteaban un escenario desolador, con imágenes falsas de un Puerto Vallarta ardiendo en llamas, aeropuertos tomados, una supuesta balacera en el mercado Morelos de Puebla y una supuesta lista de negra de casetas de cobro cerradas que había publicado Capufe. Una vez más, la desinformación se hizo presente ante los vacíos de un gobierno que iba soltando información a cuentagotas, ante instituciones carentes de credibilidad y confianza que hacen dudar sobre si el abatimiento de El Mencho es realmente cierto o se trata de un montaje como muchos otros que nos han presentado. Por más que pedían seguir los comunicados oficiales, las y los poblanos entraron en pánico, algunos negocios cerraron las puertas, los restaurantes se vaciaron, las calles del Centro Histórico lucían desoladas, las clases se cancelaron so pretexto de un frente frío y una vez más el miedo se apoderó de nosotros.
Ese miedo que desde 2020 no se sentía tan fuerte volvió a nuestros pensamientos:
¿Cuánto tiempo aguantaría la economía poblana sin actividad comercial?
¿Dónde podrían nuestros hijos e hijas desenvolverse con tranquilidad si no es en las aulas y en los parques, también amenazados por el crimen organizado?
La pandemia de Covid 19 nos permitió reorganizarnos, pero El Mencho resultó ser más poderoso. El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tiene presencia criminal en los 32 estados del país y tiene operaciones en más de 40 países, de acuerdo con la DEA. Durante años se dedicó no solo al narcotráfico, sino también al tráfico de combustible, la extorsión, fraudes, lavado de dinero y el secuestro de migrantes, solo por mencionar los más importantes. Por lo menos desde 2011 las autoridades sabían de su existencia y 15 años pasaron para que el gobierno de Claudia Sheinbaum, en colaboración con el gobierno de Estados Unidos, diera el que podría ser el golpe decisivo. Una pandemia que se fue apoderando de nosotros poco a poco y que se fue introduciendo en todos los ámbitos de nuestra vida, como en el gobierno, las empresas y, sobre todo, en las policías. A diferencia de 2020, esta pandemia no llegó ni por sorpresa ni sin previo aviso, El Mencho y el CJNG hicieron de las suyas gracias a que, sexenio tras sexenio, las autoridades han sido omisas y cómplices. Hasta el día de hoy, tenemos narcogobiernos que, si están en el poder, es porque criminales como El Mecho financiaron sus campañas.
En Puebla hay varios de esos. Ahí está El Toñín, con sus múltiples nexos y sus redes.
El crimen organizado es una pandemia mucho más poderosa que el Covid 19 y, a ciencia cierta, no se sabe si existe vacuna o si ya se volvió inmune. Llegó la prueba de fuego para el gobierno Claudia Sheinbaum, dar un verdadero golpe de timón, desarticular al CJNG y con él a todos los políticos que le abrieron la puerta, incluso si son de Morena. No permitir que se reagrupen y, por supuesto, no dejar que un cártel nuevo asuma el poderío, como la historia lo ha demostrado una y otra vez. Recobrar la confianza de la ciudadanía es el principal reto no solo de la Presidenta, sino de todos los niveles de gobierno, para empezar ahora sí una nueva era alejada de miedo, incertidumbre y desesperanza, porque si algo tenemos claro es que México es mucho más grande que todos los Menchos juntos. Como bien dice la regidora Georgina Toledo: “En una ciudad como Puebla, marcada por su dinamismo urbano y diversidad social, la seguridad no puede abordarse como un evento aislado ni como una narrativa simplificada. Es un proceso continuo que integra prevención, respuesta institucional y reconstrucción de confianza”.
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