Miércoles 11 de Marzo de 2026

Es complicado describir la sensación y los sentimientos que despierta participar en una marcha del 8M.

 

Equiparado con experiencias comunes, quienes han estado ahí aseguran que es como el nerviosismo antes de tu primera vez, la emoción previa al banderazo de salida en una carrera, el dolor de cuando te avisan que acabas de perder a un ser querido y el desahogo de asistir a mil terapias juntas donde te abres con la psicóloga y le cuentas tu dolor más profundo.

 

Al final de tres kilómetros de recorrido, terminas agotada física y emocionalmente, pero también llena de una energía que te hace sentir viva.

 

Y así, con tantas emociones juntas, la marcha del 8M nunca deja de sorprender, por más veces que hayas asistido.

 

Este 2026, en Puebla no fue la excepción, sobre todo porque las niñas y jóvenes fueron la voz y el corazón de la movilización.

 

 

Estas chicas ya no se callan, ya no se esconden. Cada vez son más las que exigen justicia, seguridad y equidad, y toman el espacio que les pertenece sin importar la edad que tengan.

 

El domingo pasado, esas niñas lideraban contingentes, levantaban sus pancartas con fuerza y gritaban consignas con una pasión que resonaba como si la lucha fuera propia.

 

“Nací para vivir sin miedo”, “Quiero vivir no sobrevivir”, “¡Esto es pelear como niña!”, “¡Quiero jugar sin miedo. Las niñas no se tocan!”, “Quiero que mi mamá reconozca mis logros no mis restos”, son algunas de las frases que portaban estas pequeñas de entre 2 años hasta 24 años de edad.

 

Con sorpresa veo que las llamadas generaciones del futuro ya despertaron y, con su sensibilidad, resiliencia y valentía, están listas para cambiar las reglas del juego.

 

Créanme… estas jóvenes ya no se dejan: la violencia que nos marcó a nosotras y a nuestras antecesoras ya no la toleran.

 

Ellas ya saben identificar todo tipo de violencias, le ponen nombre a cada una de ellas y no están dispuestas a callar como nos lo impusieron.

 

Porque, como decía el cartel de Sofía, la niña de 5 años que marchó junto a su madre: ya saben que “no se ven más bonitas calladitas”.

 

 

Ahí está el caso de una chica de por lo menos unos 20 años que se anima a tomar el megáfono y, frente a un grupo de jóvenes que hace un círculo en el Paseo Bravo, levanta la voz:

 

“Ni puta por coger

Ni madre por deber

Ni presa por abortar

Ni muerta por luchar…

 

“Yo marcho aquí por todas y cada una de las que estamos aquí y las que no están, porque todas siempre vamos a estar unidas”, dice con gran elocuencia mientras una centena de mujeres de su edad le aplauden y la ovacionan.

 

La joven levanta la voz en círculo de mujeres en el Paseo Bravo.
La joven levanta la voz en círculo de mujeres en el Paseo Bravo.

 

La violencia contra mujeres autistas

 

Le sigue el turno a otra, ella quizá tenga unos 23 años, es autista y no tiene miedo a decirlo abiertamente con todo y que ha sido discriminada y violentada por un trastorno que no le fue detectado oportunamente por el simple hecho de ser mujer.

 

“Las mujeres autistas han estado expuestas y han vivido intentos de suicidio, yo viví cuatro intentos de suicidio y pude haber tenido éxito… y pude después saber que era autista y me pude empezar a cuidar y si no fuera por el sesgo de género yo pude hacer sido identificada desde chica”, dice con la entereza de alguien que ya ha sanado sus heridas.

 

O ahí está Camila, de 24 años, en pie de lucha. En su primera fiesta fue abusada sexualmente, así que esta es la tercera vez que marcha, porque no quiere que “a ninguna niña ni a nadie” la vuelvan a tocar como lo hicieron con ella.

 

En el transcurso de la marcha que partió desde la altura de El Gallito en el Paseo Bravo, sobre Reforma, hasta la Fiscalía en el bulevar 5 de Mayo, hubo colectivas y voluntarias que regalaban hojas con información sobre las leyes contra la desigualdad de género en México.

 

En una hoja circularon las leyes que defienden a las mujeres.
En una hoja circularon las leyes que defienden a las mujeres.

 

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Lo mismo de cada año…

 

También hubo vendimia entre ellas. Otras aprovecharon para regalar bolsas para promocionar su sex shop.

 

No podían faltar las funcionarias públicas que se sumaron en un intento de capitalizar el movimiento.

 

Y los padres, amigos, hermanos, novios que se unieron a la causa.

 

Sí, también hubo iconoclasia y quienes quisieron desarticular la marcha, así como pequeños conatos de violencia provocados por los provida.

 

Lo mismo de cada año.

 

 

 

Pero, lo importante es que la marcha del 8M 2026 en Puebla demostró que las nuevas generaciones están despertando:

 

Cada niña, cada joven ahí reunida es un pequeño paso hacia un futuro donde la equidad sea la norma y la dignidad, costumbre.

 

Niñas marchando por sus derechos en el 8M
Niñas marchando por sus derechos en el 8M