Miércoles 20 de Mayo de 2026

Hay decisiones públicas que revelan la verdadera relación que un gobierno mantiene con sus instituciones.

La propuesta de crear una nueva Universidad de la Creación del Arte y la Cultura dentro del Museo Internacional del Barroco parece ser una de ellas.

El discurso oficial habla de innovación, industrias creativas, museografía, arte digital y modernización cultural. Todo eso suena razonable. Incluso necesario.

Puebla sí necesita fortalecer áreas contemporáneas vinculadas al patrimonio y las nuevas tecnologías aplicadas al arte.

El problema es que la nueva universidad no surge sobre un vacío institucional, sino sobre el debilitamiento progresivo de dos estructuras culturales preexistentes: el Instituto de Artes Visuales del Estado de Puebla (IAVEP) y el propio concepto original del Museo Internacional del Barroco.

El IAVEP no era una escuela improvisada. Era el heredero directo de la Academia de Bellas Artes fundada en 1813.

Dos siglos de continuidad cultural no son un detalle administrativo. Son patrimonio histórico del estado.

Ahí se formaron generaciones enteras de artistas y docentes poblanos. Como toda institución antigua, acumuló inercias, burocracia y rezagos.

Pero precisamente para eso existe el Estado: para reformar instituciones, no para abandonarlas hasta volverlas irrelevantes y luego justificar su sustitución mediante una nueva marca política.

¿Qué pasó con el Instituto de Artes Visuales del Estado de Puebla?

Durante años el IAVEP mostró señales visibles de deterioro. Instalaciones deficientes, conflictos administrativos y ausencia de modernización académica.

Las denuncias públicas existieron.

Lo que nunca apareció fue un verdadero plan de rescate institucional. No hubo una intervención profunda ni un esfuerzo sostenido por devolverle centralidad cultural. Simplemente se le dejó envejecer.

Y ahora, sobre las ruinas administrativas de una academia bicentenaria, aparece una nueva universidad presentada como símbolo de transformación.

La pregunta incómoda es inevitable: si el problema era la obsolescencia, ¿por qué no reformar el IAVEP?

 

¿Por qué no convertirlo en el núcleo histórico de una nueva etapa cultural?

La respuesta parece menos académica que política y económica.

 

Las nuevas administraciones rara vez desean heredar capital simbólico ajeno.

Prefieren construir instituciones propias, con nuevos nombres y nuevas narrativas. En términos políticos resulta mucho más rentable inaugurar algo nuevo que rescatar algo viejo.

 

La foto, vaya.

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¿Qué pasará con el Museo Internacional del Barroco?

El caso del Museo Internacional del Barroco es todavía más delicado.

Más allá de las críticas financieras que acompañaron su origen, el museo nació con una idea museológica extremadamente clara.

No fue concebido como un edificio multifuncional vacío.

Su propósito era construir un museo temático especializado alrededor del barroco entendido como fenómeno cultural global.

La arquitectura de Toyo Ito y el diseño espacial respondían precisamente a esa lógica.

Lo que ahora observamos es una resignificación progresiva del edificio.

El Museo Internacional del Barroco deja de ser el centro conceptual para convertirse en contenedor disponible de nuevas funciones a ocurrencia de la administración en turno.

 

Recordemos las “ocurrencias” de Barbosa.

 

Por ahora, no se trata todavía de un desmantelamiento físico de salas museográficas. Sería irresponsable afirmarlo porque el propio gobierno ha sido extraordinariamente opaco respecto al alcance real de la transformación.

No existe claridad pública suficiente sobre qué espacios serán utilizados, qué áreas serán modificadas ni cuál será la relación operativa entre museo y universidad.

 

¿La nueva universidad ocupará únicamente espacios administrativos liberados previamente?

¿O terminará absorbiendo áreas funcionales vinculadas a la operación del museo?

 

Hoy nadie puede responderlo con precisión.

 

Esa opacidad alimenta una percepción cada vez más extendida de que Puebla vive una política pública basada más en proyectos emblemáticos que en planeación institucional de largo plazo.

El patrón empieza a repetirse.

Universidad del Deporte. Cablebús. La Malinche. Todos grandes anuncios. Narrativas transformadoras. Infraestructura visible. Pero diagnósticos técnicos poco claros y debates públicos inexistentes.

El problema aparece cuando las decisiones parecen surgir antes de que exista la evidencia que debería justificarlas.

 

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¿Puebla necesita otra universidad artística?

En ningún momento se ha explicado con rigor por qué Puebla necesitaba otra universidad artística en lugar de fortalecer las existentes.

La BUAP,  el propio IAVEP y distintas instituciones culturales ya cubrían buena parte de las disciplinas anunciadas.

 

Tampoco existe un gran debate público sobre la necesidad de alterar el funcionamiento conceptual del Museo Barroco.

 

Quizá el problema más profundo no sea la universidad misma.

 

El verdadero problema es la idea de gobierno que empieza a consolidarse: las instituciones históricas dejan de verse como organismos que deben reformarse y protegerse, para convertirse en estructuras reemplazables según las necesidades narrativas del sexenio en turno o desgraciadamente, en negocios privados.

Pero las sociedades serias no destruyen continuamente su continuidad institucional.

 

Puebla no necesitaba abandonar el IAVEP ni diluir la idea original del Museo Barroco para construir una política cultural contemporánea.

Necesitaba algo mucho más difícil y mucho menos vistoso: gobernar con visión de largo plazo.