Jueves 04 de Junio de 2026

El populismo se presenta como justicia, promete rescatar al pueblo, castigar a los privilegiados, repartir dinero y devolver una soberanía supuestamente perdida.

Siempre necesita un villano. Si la economía no crece, culpa al pasado; si las calificadoras advierten deterioro, culpa a intereses extranjeros; si alguien critica al régimen, ya no opina, conspira.

Da votos y convierte todo dato incómodo en traición.

Pero la economía no obedece demagogia, no perdona indefinidamente el despilfarro, la improvisación ni la destrucción de confianza.

 

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¿México atraviesa crisis financiera?

 

México no vive hoy una crisis financiera como la de 1994 y no hay default soberano, pero México no está bien y está peor de lo que debería estar.

Crece e invierte poco, carga con Pemex, debilita sus colchones fiscales, erosiona sus instituciones y desperdicia una oportunidad histórica llamada nearshoring.

El México de Morena ha administrado con soberbia un deterioro constante.

El régimen recibió ventajas formidables: cercanía con Estados Unidos, base manufacturera, tratados comerciales, grado de inversión, banco central creíble y ubicación privilegiada.

Cuando el mundo reorganizó sus cadenas productivas para depender menos de China, México tenía todo para ganar.

Bastaba ofrecer electricidad confiable, seguridad, infraestructura, agua, educación técnica, certeza jurídica y reglas estables.

Morena ofreció lo contrario.

 

¿Qué efectos económicos hubo al cancelar el aeropuerto de Texcoco?

 

La cancelación del aeropuerto de Texcoco fue el primer gran aviso. No fue solo una decisión sobre pistas y contratos. Fue una declaración de régimen: una obra avanzada, financiada y pensada para el largo plazo podía ser destruida por el capricho de una persona y la necesidad simbólica de borrar lo anterior.

El costo real fue de oportunidad: años perdidos, confianza contractual dañada, capacidad aeroportuaria sacrificada y menor integración logística con Norteamérica.

Un aeropuerto vale por conectividad, demanda, integración urbana, carga y utilidad económica.

La misma lógica aparece en el Tren Maya y en Dos Bocas. Monumentos de corrupción y costo de oportunidad.

Cada peso destinado a proyectos de rentabilidad discutible fue un peso que no fortaleció seguridad, justicia, salud, red eléctrica, puertos, agua o infraestructura industrial.

En un país con bajo crecimiento, informalidad masiva y violencia persistente, gastar mal es empobrecer el futuro.

 

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¿Qué pasa con Pemex?

 

Pemex es el caso más grave. Morena convirtió a la petrolera en altar ideológico. En lugar de reconocerla como pasivo estructural, decidió rescatarla una y otra vez como símbolo de soberanía.

El resultado es una empresa que drena recursos públicos, presiona la deuda soberana y preocupa a las calificadoras.

México no fortaleció su soberanía energética. Debilitó su soberanía fiscal. Una empresa estatal que necesita apoyo permanente del presupuesto no es palanca de desarrollo; es una hipoteca sobre los contribuyentes.

También se debilitaron los colchones del Estado. Las reservas internacionales siguen elevadas y están bajo administración de Banxico, no del gobierno federal. Pero el Fonden fue eliminado, numerosos fideicomisos fueron extinguidos y el FEIP quedó lejos de sus niveles anteriores.

México conserva defensas monetarias, pero perdió defensas presupuestarias y tiene menos margen para enfrentar desastres, recesiones, choques externos.

El manejo de tasas añade otra señal.

México no financia al gobierno con impresión desbordada de dinero, como otros populismos latinoamericanos. El mecanismo es más sofisticado. Cuando la tasa de referencia baja con inflación superior a la meta, crecimiento débil y presión fiscal creciente, el gobierno recibe oxígeno.

Una reducción acumulada de medio punto puede significar alrededor de 15 mil millones de pesos anuales sobre una base sensible de deuda cercana a tres billones.

Es alivio presupuestal para un gobierno que gastó mal. Banxico conserva autonomía formal y credibilidad. Si la política monetaria carga parte del costo de la indisciplina fiscal, el daño se verá en inflación persistente, menor rendimiento real para ahorradores, presión sobre el peso y vulnerabilidad externa. Bajar tasas puede ser correcto cuando la economía se debilita y la inflación baja.

Las calificadoras ya leen el deterioro.

México conserva grado de inversión, pero cerca del borde inferior o con advertencias persistentes. Pemex pesa. El déficit pesa. El bajo crecimiento pesa. La debilidad institucional pesa. La deuda no se juzga solo por su tamaño, sino por la capacidad futura de pagarla. Una economía que crece cerca de 1% tiene menos capacidad de sostener compromisos crecientes.

 

¿Qué pasa con los ministros de la Suprema Corte?

 

El domingo mostró con claridad el deterioro institucional. Fue preocupante ver a ministros de la Suprema Corte en primera fila, como parte de la escenografía política del poder.

Un juez constitucional no debe ser cortesano del poder. La independencia judicial no solo debe existir en las sentencias. Para la economía de México, esto no es insignificante.

La inversión necesita certeza. Tribunales que no estén alineados al gobierno, contratos que no dependan del humor presidencial, permisos que no se otorguen por obediencia política y reglas que no cambien cuando el poder necesita un enemigo.

Cuando la ley pierde peso frente al poder, el capital no siempre huye. A veces simplemente no llega.

Morena confunde legitimidad electoral con competencia económica. Haber ganado elecciones no vuelve rentable una refinería, no convierte en eficiente un aeropuerto mal planeado, no reduce la deuda de Pemex, no produce electricidad confiable ni sustituye tribunales independientes.

Los votos dan mandato para administrar por un período de tiempo, no dan permiso para desperdiciar el futuro.

 

¿Cómo opera el populismo?

 

El populismo opera con una fórmula simple: votos hoy a cambio de costos mañana. Reparte beneficios visibles y difiere daños invisibles. Inaugura obras, pero oculta su costo y rentabilidad. Aumenta transferencias, pero debilita fondos. Presume soberanía, pero endeuda al Estado.

El caso del cablebús en Puebla es una muestra de ello, ocultar por cinco años absolutamente todo lo relacionado con el proyecto es una muestra más de populismo autoritario.

​​​​​​​México necesita una política económica real, justicia social con crecimiento, soberanía con productividad y votos que no hipotequen el mañana, es decir necesita abandonar el populismo.