Martes 09 de Junio de 2026

Ya estamos a unas horas de que comience la máxima fiesta del fútbol y, sinceramente, todavía me cuesta creer que México vuelva a ser protagonista de una Copa del Mundo.

Han pasado años hablando de este momento, analizando avances, retrasos, polémicas y expectativas. Y aunque lo he comentado en otras ocasiones, sigo teniendo la sensación de que el ambiente previo no alcanzó la intensidad que vivimos rumbo a otros mundiales. Sin embargo, cuando el reloj marca la cuenta regresiva final, algo cambia. El aficionado despierta. El niño que alguna vez soñó con un Mundial vuelve a aparecer.

Y más allá de las dudas que pueda generar nuestra selección, hay algo que no ocurre todos los días: México vuelve a jugar un Mundial en casa. Eso, por sí solo, ya debería ilusionarnos. ¡Es momento de activar el modo mundialista!

Estamos frente a la Copa más grande de la historia. Por primera vez participarán 48 selecciones, se disputarán 104 partidos y habrá actividad en 16 sedes distribuidas entre México, Estados Unidos y Canadá durante 39 días de competencia. El Estadio Azteca albergará el partido inaugural el próximo 11 de junio, convirtiéndose en el primer estadio del mundo en recibir tres aperturas mundialistas.

El campeón necesitará ganar ocho partidos para levantar la copa, uno más que en su formato anterior. La FIFA repartirá 871 millones de dólares y estima que cerca de 6 mil millones de personas seguirán el torneo. Todo ello respaldado por más de 50 mil voluntarios de todo el mundo.

Pero un Mundial nunca es solamente fútbol. Detrás de cada partido hay hoteles llenos, restaurantes trabajando a toda marcha, aeropuertos saturados, transporte operando al límite y miles de personas encontrando oportunidades de empleo. Por eso el impacto económico esperado para México resulta histórico.

Las estimaciones hablan de una derrama de hasta 4 mil millones de dólares, impulsada por la llegada de más de 5.5 millones de visitantes. Se proyecta la creación de más de 100 mil empleos formales. El impacto económico sería 235% superior al que genera un fin de semana de Fórmula Uno, además de un incremento del 44% en visitantes internacionales en junio y julio. Cómo parte del legado, también se proyecta la construcción de más de 4,000 nuevas canchas en distintas regiones del país.

Y aquí aparece una de las grandes contradicciones de este Mundial: mientras la FIFA presume cifras históricas de asistencia y demanda, muchos aficionados siguen preguntándose algo muy simple: ¿quién puede pagar estos boletos? Contra muchos pronósticos, el portal oficial todavía muestra disponibilidad para una gran cantidad de encuentros, incluido el partido inaugural. La explicación parece evidente. Los precios alcanzaron niveles nunca antes vistos.

Mientras que en Qatar la entrada más cara para la final rondaba los 1,600 dólares, en esta edición el boleto más exclusivo supera los 32 mil dólares.

Me cuesta trabajo imaginar que una familia mexicana promedio pueda desembolsar esas cantidades. Los estadios estarán llenos, de eso no tengo duda. La pregunta es cuántos de esos lugares estarán ocupados por quienes han acompañado al Tri toda su vida.

Pero regresemos a la historia, porque este evento merece contexto: han pasado 40 años desde aquel inolvidable Mundial de 1986, cuando Colombia tuvo que declinar y México terminó regalándole al mundo uno de los torneos más memorables de todos los tiempos. Lo más impresionante es que aquello llegó apenas unos meses después del devastador terremoto de septiembre de 1985, el país estaba herido, pero respondimos con dignidad, capacidad de organización y con orgullo nacional.

Por eso el contraste con 2026 resulta inevitable. Esta vez tuvimos ocho años de preparación desde que se ganó la sede en 2018 y, aun así, llegamos cortos en varios proyectos de infraestructura.

Al menos seis obras importantes en Ciudad de México y Nuevo León no lograron cumplir sus calendarios originales. En Monterrey, el monorriel que conectaría el aeropuerto con el estadio de Rayados, diversos parques lineales y el denominado Parque del Agua no estarán listos para el arranque. En la capital, diversas estaciones del Metro continúan fuera de operación y algunas obras destinadas a mejorar la movilidad turística siguen sin fecha clara de conclusión.

En 1985 nos sacudió un terremoto y respondimos con resiliencia. En 2026, teniendo tiempo de sobra, nos vencieron la burocracia y la falta de ejecución.

Pasando a lo deportivo: el contexto difícilmente podría ser mejor. México disputará toda la fase de grupos en territorio nacional enfrentando a Sudáfrica, Corea del Sur y Chequia. La historia nos recuerda que solamente en 1970 y 1986 logramos alcanzar los cuartos de final. Por eso, si alguna vez hemos tenido una oportunidad real de dar ese salto, ¡es ahora!

Quizá por eso el ambiente previo no terminaba de explotar. El mexicano es prudente cuando se trata de fútbol. Nos hemos ilusionado muchas veces y también nos hemos llevado varios golpes. Hemos aprendido a esperar antes de celebrar. Pero, conozco a este país. Sé lo que ocurre cuando rueda el balón. Sé lo que pasa cuando el Azteca entona el Himno Nacional, yo estuve ahí en la final del mundial juvenil 2011. Sé lo que significa ver a México disputar una Copa del Mundo en casa. La piel se pone chinita.

Por eso estoy convencido de que millones de mexicanos volveremos a sentir lo mismo: orgullo, esperanza y esa ilusión que solamente el fútbol es capaz de provocar.

Les van mis #gabotips mundialistas:

#1. Disfrute el Mundial, aunque no sea futbolero. Una Copa del Mundo ocurre cada cuatro años, pero tenerla en casa es algo que sólo veremos una vez en la vida. Más allá de los resultados, vale la pena vivir el momento histórico.

#2. No mida a México por un solo partido. El entusiasmo y la frustración suelen cambiar cada 90 minutos. Este equipo tendrá presión como nunca antes, pero también una oportunidad única por jugar frente a su gente.

#3. Aproveche la oportunidad económica. Si tienes un negocio relacionado con turismo, gastronomía, transporte, entretenimiento o servicios, este Mundial representa una ventana extraordinaria para generar ventas y posicionamiento de marca.

#4. No perdamos de vista el legado. Los mundiales duran semanas, pero las obras, la infraestructura, la promoción turística y la proyección internacional deberían beneficiar al país durante años. Ahí es donde realmente se mide el éxito de un anfitrión.

#5. Que la pasión no nos haga perder la perspectiva. Ganar sería maravilloso. Llegar al famoso quinto partido sería histórico. Pero independientemente de los resultados, México ya está escribiendo una página importante en la historia de los mundiales al convertirse en el primer país en albergar tres partidos inaugurales.

 

 

¡Que ruede la pelota!