Miércoles 17 de Junio de 2026 |
Una niña sí puede jugar fútbol… Eso dicen los niños del salón… Las mujeres de hoy todo pueden ser… Ignacio Silva (2026), “La Niña Futbolista” Mi propia historia familiar ha hecho que el fútbol esté en mi vida desde que tengo uso de razón; no desde los grandes estadios ni las playeras de marca, sino como vivimos en los pueblos la pasión por este deporte: desde el llano. Como muchas niñas con padres apasionados por el fútbol, crecí viéndolo a él y a mis tíos disputar el balón entre tierra y mentadas de madre, en un deporte tradicionalmente hipermasculinizado, en contraste con las muchas niñas y mujeres que rodeábamos la cancha. Vi crecer a mi hermana, la mejor futbolista que conozco, observando desde la orilla cómo debutaban a mis primos en el equipo de la familia, mientras ella dominaba el balón mejor que cualquiera y gritaba instrucciones que nadie escuchaba. Ahí entendí que ese lugar, aunque formaba parte de cada sábado de nuestra vida, no era para nosotras. La Niña Futbolista, canción que publicó Julieta Venegas en vísperas del Mundial 2026, despertó toda clase de reacciones. Desde colectivas feministas, ligas de fútbol femenil en comunidades, activistas, defensoras de derechos humanos y apasionadas del fútbol como esta escribiente, muchas la adoptamos como una reivindicación para todas aquellas que, como mi hermanita, se quedaron en la orilla viendo cómo otros ocupaban el lugar que les correspondía únicamente por una cuestión de género, sin que se tomara en cuenta su talento. Del otro lado de la banqueta se colocaron los seguidores del Temach, los "fifas", aficionados hipermasculinizados y misóginos, así como periodistas más tradicionales y recalcitrantes en la defensa de su deporte. Acusaron a la canción de representar una inclusión forzada o señalaron a las feministas —convertidas ya en responsables de todos sus males y pesadillas— de politizar un evento supuestamente familiar. "Es que a todo le encuentran crítica", dijeron; "ni el fútbol, que es sagrado, lo pueden dejar en paz". Las métricas de La Niña Futbolista también dicen mucho sobre este fenómeno. En YouTube acumula 38 mil "Me gusta", frente a casi cinco millones de reproducciones desde su estreno, el pasado 29 de mayo. Es decir, por cada 132 personas que vieron el video, solo una le dio "Me gusta". La canción ha ingresado de forma orgánica al Top 50 de México y de varios países de América Latina. Lo relevante no es únicamente el número de reproducciones, sino el incremento en las escuchas durante los partidos de la selección mexicana, funcionando como un auténtico "himno alternativo". Y aquí quiero hacer una distinción importante. Este Mundial se ha convertido en una ventana al privilegio. Mientras en la opulencia de los estadios desfilan estrellas de la televisión, del pop e incluso alcaldesas de poca monta como Alessandra Rojo de la Vega, la canción se ha transformado en la banda sonora de cientos de videos creados por usuarias. Lejos de los lujos mundialistas, esos videos muestran a niñas y jóvenes jugando en canchas de tierra, patios escolares y calles de barrios populares y comunidades rurales. Sí, La Niña Futbolista logró lo que pretendía la presidenta Claudia Sheinbaum: abrir la discusión sobre las desigualdades de género en un deporte históricamente masculinizado y evidenciar cómo el Mundial también puede convertirse en un espacio de privilegio que negocia e impulsa el consumo a partir de la pasión de los pueblos. Además, nuestra presidenta impulsó su propio Mundial Social, un programa nacional que hoy, en la capital poblana, inaugura una cancha de fútbol 11 en el Polideportivo Xonaca, ubicado en uno de los barrios históricos y tradicionales de la ciudad. Esto se realiza de la mano del gobierno municipal y de la SEDATU, cuya representación en Puebla encabeza el camarada Gerardo López. Asimismo, en los próximos días serán inauguradas 27 canchas nuevas y cinco rehabilitaciones en distintos municipios del estado. Estas acciones forman parte de la reivindicación que busca la presidenta hacia el fútbol de barrio, el fútbol popular, ese que intenta abrirse paso y disputarle la alegría y el espacio al gigante corporativo. Y aún más importante: el Mundial pasará, las marcas se irán con sus ganancias, pero la presidenta buscó algo mucho más valioso, responder a una pregunta fundamental: ¿qué espacios seguros y dignos les estamos dejando a las niñas que hoy patean un balón en nuestras calles? ¡Y que vivan las niñas futbolistas! |