Martes 30 de Junio de 2026

Es responsabilidad de los gobiernos velar por el bienestar de sus gobernados.

Algo que en Veracruz no ocurre, donde consideran a la gobernadora, Rocío Nahle, como una persona sin alma ni corazón, insensible ante la desgracia, a la que solamente la mueve la ambición por el poder y el dinero.

Ella es una de las beneficiarias de la Cuarta Transformación, ya que, siendo oriunda de Zacatecas, estaba imposibilitada para ser candidata al gobierno de Veracruz, por lo que fue fácil para la mayoría de MORENA en el Congreso local reformar la Constitución. Libre de ese candado, las cosas se facilitaron para la entonces secretaria de Energía, que se enfiló sin enemigo al frente como aspirante al gobierno veracruzano.

De nada sirvió la oposición de Manuel Huerta Ladrón de Guevara, quien se desgañitaba diciendo que él había ganado la encuesta de su partido, por lo que fue compensado, a cambio de su silencio, con una senaduría.

Ya despejado el camino, Rocío Nahle sorteó cuanto obús le fue lanzado en campaña, como los bienes raíces acumulados en su patrimonio durante su desempeño como titular de la Secretaría de Energía.

Rocío Nahle ganó abultadamente la elección de junio de 2024, aunque hay quienes señalan que las huestes morenistas se sirvieron con la cuchara grande para llenar las urnas.

Su gobierno ha sido objeto de constante reproche por parte de sus gobernados, a los que, simplemente, no atiende, y sus prioridades están lejanas de lo que demanda su actuar como gobernante.

En su desempeño ha tenido varios tropiezos, como el de no responder en tiempo y forma a la inundación en Poza Rica, la que catalogó como un pequeño desbordamiento del río Cazones. Lo mismo sucedió con el derrame petrolero en las costas del Golfo de México, que minimizó al considerarlo como un goteo que dejaba manchas en la arena.

Como esa, ha realizado otras expresiones que muestran a una gobernadora que no está pendiente de atender las necesidades de la población, como sucedió con el levantamiento que sufrió una maestra jubilada por parte de la delincuencia, la misma que fue encontrada muerta, y cuya respuesta fue que había fallecido de un infarto.

La violencia, los secuestros, los levantamientos y las muertes que con gran frecuencia se producen en Veracruz no son importantes para la ingeniera química, quien se muestra reacia a reconocer los problemas.

Pero su desidia queda de manifiesto con lo ocurrido con la periodista Roxana Guzmán, quien fue sacada de su domicilio con lujo de fuerza y, aunque el hecho fue reportado en todos lados, la Fiscalía de Veracruz tardó once días en tomar el asunto por su cuenta.

Lo sucedido después es una muestra de cómo se las gastan en el estado de Veracruz: la periodista fue encontrada asesinada y, aparentemente, los ejecutores fueron policías municipales.

Otro asunto más que muestra lo insensible de la gobernadora es el caso del empresario Alejandro Cossío, quien venía reclamando al gobierno el pago de unos servicios prestados a la administración estatal, sin recibir los 50 millones de pesos acordados, cuya factura y documentos fueron presentados decenas de veces. Cossío explicaba que requería el pago del adeudo para cubrir los costos de un tratamiento médico que necesitaba, lo que nunca ocurrió. El empresario falleció hace poco más de una semana y el pago quedó pendiente.