05 de Julio de 2026

A propósito de las inundaciones en Puebla y de las diversas opiniones vertidas por los “expertos” y los aficionados a buscar soluciones y usarlas como  trampolines políticos desde las gradas, vale la pena ir a la historia.

Quienes nacimos en Puebla a mediados del siglo pasado, recordamos sin duda el Río de San Francisco, su desbordamiento en tiempos de lluvias y la afectación a casas, fábricas y vecindades en las calles que atravesaban de oriente a poniente o viceversa el famoso río que en sus tiempos logró mover los molinos de varias fábricas y obrajes de curtiduría asentadas en sus márgenes.

La historia registra la construcción de la presa de San José, por la 26 oriente, como una forma de controlar las aguas del San Francisco. Otra presa estuvo en la 4 sur entre la 11 y la 13 oriente, sus aguas dieron vida al “Molino del Carmen”; una más en Huexotitla cuya vida terminó en 1965 ante las obras del embovedamiento del río.

Para quienes pasamos de las 7 décadas, esto de las inundaciones no es nuevo más bien es anecdótico y de alguna manera viene a refrescar la memoria.

Contaba el doctor Efraín Castro Morales (qepd), Cronista de la Ciudad, que la fundación de “La Puebla de los Ángeles” fue, primero, en los campos por donde está hoy el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec, pero el río se desbordó y los fundadores se mudaron a la parte alta, es decir a lo que hoy conocemos com el Barrio de “El Alto”.

Las inundaciones en las márgenes del río eran comunes, y se multiplicaron cuando se logró la autorización de “embovedar” las aguas del río provenientes de las descargas pluviales de los cerros de Loreto y Guadalupe y los afluentes derivados de la Malinche, como el de Xonaca, por mencionar uno, más las aguas de los drenajes de la zona urbana.

En redes sociales han aparecido fotografías de las diversas inundaciones de las calles aledañas al Bulevar 5 de Mayo. Por lo tanto, no es nada nuevo, es simplemente la consecuencia de haber desaparecido el río, que por cierto benefició a muchas familias influyentes y se aumentó la plusvalía de los terrenos de las márgenes del lado Oriente del río.

En 1892 el Jefe Político del Distrito de Puebla, Eduardo Carretero y Pérez Tello tuvo la idea de soterrar las aguas del Río de San Francisco a través de la primera Junta de Mejoramiento.

En 1939, cayó una fuerte tromba y el gobernador Gonzalo Bautista Castillo inició las primeras obras para proteger a los llamados “barrios proletarios” de las márgenes del río.

Pero fue hasta la llegada de Antonio Nava Castillo como gobernador, del PRI, 1965, cuando se sentaron las bases y estudios para el embovedamiento y se creó la Ley para expropiar predios, el presidente municipal era Carlos Vergara Soto.

De ahí, Aarón Merino Fernández, Rafael Moreno Valle, el doctor y general, Guillermo Morales Blumenkron y quienes fueron presidentes municipales de esos tiempos, apoyaron la “urbanización” de río.

¿Quieren culpables de las inundaciones de hoy día? Lean la historia de la ciudad.

Ahora bien, desde los tiempos de Manuel Bartlett a la fecha, el mantenimiento de los drenajes, la limpieza de los Vasos Reguladores -Puente Negro y Santuario- como acción preventiva, sumada al desasolve de los drenajes, son asignaturas pendentes.

¿O acaso alguien recuerda si Mario Marín, Rafael Moreno Valle Rosas, Miguel Barbosa Huerta hicieron algo sobre el tema de prevenir inundaciones?

Otro factor que colabora en las inundaciones es el aumento de comercios que usan artículos de plástico para transportar su mercancía, la comida chatarra, genera vasos y “almejas” imposibles de pasar por los drenajes.

Y también mucho colabora el pésimo servicio de las empresas privadas que han sido beneficiadas por décadas, por gobiernos de todos los colores, para dizque “recoger la basura” del Centro Histórico. ¿Por qué no las sancionan?

Valdría la pena poner en valor artículos de hace 60 años aparecidos en El Sol de Puebla, donde un valiente periodista, Mario Novoa, con el pseudónimo de “Julio Mayo” denunciara “Los Misterios del Río de San Francisco”…

En fin, el agua tiene memoria desde la fundación de la ciudad; los políticos que gobiernan, por lo visto, leído y escuchado, no la tienen.

 

O por lo menos, así me lo parece.

 

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