Lunes 06 de Julio de 2026 |
Los espectáculos masivos son la representación moderna de la ficción. En el momento en que adquieren tintes políticos resulta imposible evaluarlos con justicia. Por lo tanto, articular una opinión contra los eventos deportivos y culturales de este tipo implica una tarea superlativa, toda vez que está supeditada a la afrenta del mercado por crear consumidores. En esta realidad, la ficción se hace presente tanto para los espectadores como para los medios de comunicación que divulgan una coexistencia falsa marcada por los eslóganes de unidad en territorios de países que violentan todo rastro de vida inalienable, además de lo irrisorio de los precios para casi la totalidad de la población. El Campeonato Mundial de Futbol organizado por la FIFA es la representación de coerción más evidente de los últimos años. Este evento promueve desigualdad, injusticia y la promoción de discursos fascistas, donde se vende la idea de que todos los países pueden participar en la apuesta final, aunque los resultados estén reservados para quienes puedan pagarlos. En este entorno, los mitos que nos hicieron soñar palidecen ante el perseguidor de aprobación social y el olvido de sí mismos de los grupos excluidos fuera del esquema del adinerado. Los protagonistas de esta narrativa desconocen otra cara de la historia, pues no reconocen el ingenio ajeno al método y al rigor atlético, así como les resulta extraño el virtuosismo anónimo de antaño. De esta forma, la ficción adquiere un cuerpo ajeno a la realidad; omitimos las reglas desiguales del juego y la apropiación de narrativas violentas en vísperas de un poco de entretenimiento y vínculo afectivo, de los cuales podemos declararnos inocentes. Es común el encuentro de amistades y familias que dotan de emoción a años de silencio y miradas ajenas. Los lugares en los que se asienta el polvo se aglomeran de extraños parientes. Pocos pueden diferenciar entre ser espectador o protagonista: los niños simulan que juegan, pero no saben hacerlo en la realidad; los jóvenes evocan el júbilo sin conocer su origen; los adultos disfrutan de encontrar motivos de encuentro. Es válido y deseable no confiar en cualquier tipo de autoridad, ya que implicaría una forma de adoctrinamiento adicional a las que soportamos a diario. Hace algunos años que el fútbol perdió su principal bandera y su potencial fuente de seducción al retirar al silbante como único juez del purgatorio, ya que decidía sobre la esperanza de multitudes, que ejercían su venganza en comunión mediante insultos creadores de un cauce fecundo para las heridas colectivas cotidianas. Resulta difícil empatizar con atletas millonarios; sin embargo, la imaginación tiene su poder y su función. Solo a través de ella podemos crear alternativas de mundos mejores, con reglas más justas e historias en las que, por unos momentos, todos tengan la misma oportunidad de ganar. |