Jueves 09 de Julio de 2026 |
¿El fútbol provoca violencia? La evidencia internacional lleva tiempo respondiendo que la pregunta está mal planteada. El problema no es el deporte. Lo que muestran los estudios es que los grandes eventos deportivos pueden convertirse en un detonante cuando ya existen factores como el machismo, el consumo excesivo de alcohol y la impunidad. En Inglaterra, investigadores encontraron que la violencia doméstica aumenta 38% cuando la selección pierde y 26% incluso cuando gana o empata. En Colombia se registró un incremento de hasta 43% durante el Mundial de 2014 y, en Brasil, la violencia familiar también creció durante los días de partido. No son casos aislados. Son patrones que se repiten en distintos países. Por eso sorprendió que, durante los primeros partidos de México en este Mundial, las llamadas de emergencia por violencia familiar en la Ciudad de México disminuyeran alrededor de 20%. La noticia fue recibida con optimismo, pero también con cautela. Menos llamadas no necesariamente significan menos violencia. Pueden significar menos posibilidades de denunciar, menos oportunidades para pedir ayuda o simplemente que el fenómeno todavía no había mostrado toda su dimensión. Hoy el contexto ya es distinto. La eliminación de la Selección Mexicana cambió el ánimo colectivo. Y apenas unas horas después de la derrota frente a Inglaterra, Puebla volvió a recordarnos que detrás del espectáculo deportivo siguen existiendo historias que no pueden pasar inadvertidas. El feminicidio de Mónica Hernández, cometido por su pareja en Venustiano Carranza, ya es investigado bajo el protocolo correspondiente. Un feminicidio no ocurre de la nada, siempre existen manifestaciones de violencia previas y desgraciadamente cuando éstas no se atienden con tiempo, la vida de las mujeres está en grave riesgo. Por eso poner este tema sobre la mesa, no significa querer disfrutar menos de la fiesta mundialista, sino hacer un llamado a señalar que la violencia no debe normalizarse y que nadie debe perder la vida. Por otro lado, todavía no conocemos la magnitud del fenómeno durante este Mundial. Los datos completos llegarán cuando termine la competencia y puedan analizarse las denuncias, las llamadas de emergencia y las carpetas de investigación. Solo entonces sabremos si México rompió la tendencia internacional o si, como ha ocurrido en otros países, la violencia simplemente apareció de otra manera o en otro momento. Mientras tanto, el peor error sería asumir que el problema desapareció porque las primeras cifras parecían alentadoras. Seguir hablando de este tema no es exagerar; es prevenir. Si una mujer vive violencia, si un vecino escucha gritos, si una familia identifica una situación de riesgo, hay que pedir ayuda y activar a las autoridades. La violencia no puede esperar a que termine el Mundial para ser atendida. Porque cuando el silbatazo final llegue, el marcador deportivo quedará en los libros de historia. El otro marcador —el de las mujeres libres de violencia— será el que realmente importe.
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