Lunes 20 de Julio de 2026 |
Mientras el mundo celebra los goles, la final entre España y Argentina (con un final que ya conocemos) y los sueños que nacen con un balón en los pies, en México hay miles de niñas y niños que juegan una realidad mucho más dura que cualquier marcador. La imagen de una niña abrazando un balón simboliza ilusión, futuro y esperanza; pero también obliga a preguntarnos: ¿qué pasa cuando esa niña regresa a casa por calles donde el miedo forma parte de la rutina? ¿Dónde quedan sus sueños cuando crece en un país marcado por desapariciones, feminicidios, trata de personas y el consumo cada vez más temprano de sustancias nocivas? Las cifras son un recordatorio de que la infancia mexicana enfrenta riesgos que ninguna niña o niño debería normalizar. México acumula más de 130 mil personas desaparecidas y no localizadas; además, las desapariciones de adolescentes han mostrado un crecimiento preocupante en los últimos años. (El País). A ello se suman cientos de víctimas de feminicidio cada año y miles de carpetas de investigación por trata de personas y corrupción de menores, delitos que tienen como blanco a quienes deberían estar protegidos. Los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública continúan documentando víctimas de feminicidio, trata y otros delitos de alto impacto mes tras mes. (Gobierno de México). Puebla tampoco puede sentirse ajena a esta realidad. La propia Fiscalía General del Estado informó que, en apenas cuatro meses, fueron reportados 273 niñas, niños y adolescentes como desaparecidos; aunque la mayoría fue localizada, cada reporte representa una familia rota por la incertidumbre y evidencia que el problema existe. (FGE Puebla). El Registro Nacional de Personas Desaparecidas también mantiene reportes en municipios como Tehuacán, uno de los que continúa registrando casos en el estado. (Municipios Puebla). Y en Tehuacán la pregunta cobra todavía más sentido. ¿Qué oportunidades tiene una niña que sueña con ser futbolista, doctora, artista o científica cuando también aprende, desde muy pequeña, a no caminar sola, a desconfiar de desconocidos, a evitar ciertos lugares o a convivir con el narcomenudeo y el consumo de drogas en algunas colonias? Ninguna sociedad puede presumir progreso cuando sus niñas y niños crecen aprendiendo primero a sobrevivir que a soñar. Hablar de infancia no debería limitarse a construir canchas, organizar torneos o tomarse fotografías con un balón. La verdadera política pública consiste en garantizar entornos seguros, escuelas libres de violencia, espacios públicos iluminados, atención a la salud mental, prevención de adicciones, combate frontal a la trata de personas y una procuración de justicia que no permita que la impunidad siga arrebatando futuros. Porque el verdadero triunfo de un país no se mide por los campeonatos que celebra, sino por la tranquilidad con la que una niña puede salir a jugar y regresar a casa. El día que ninguna familia tenga que buscar a su hija, llorar un feminicidio o temer que las drogas le arrebaten a un hijo, entonces podremos decir que el balón sigue rodando hacia el futuro. Hasta entonces, la pregunta seguirá resonando con dolor: ¿ahora, dónde quedan las y los niños del balón? |