Lunes 20 de Julio de 2026 |
Las grandes obras suelen tener dos objetivos: resolver un problema público y construir un legado político. Cuando domina el segundo, la ciudad deja de ser el fin y se convierte en la oportunidad para alimentar el ego del gobernante en turno. El cablebús poblano parece responder más a esa lógica que a una estrategia integral de movilidad. Cambian el trazo, la longitud, las estaciones, las cifras utilizadas para presentar sus beneficios y las fechas de operación, pero la decisión de construirlo permanece intacta. La secuencia pública permite preguntar si los estudios compararon realmente distintas alternativas de movilidad o si terminaron justificando una obra decidida de antemano. Casi siete mil millones de pesos merecen algo más que una presentación convincente. La pregunta no es si Puebla necesita mejorar su transporte público. Lo necesita con urgencia, así como requiere drenaje, tratamiento de aguas y una infraestructura urbana capaz de responder a su crecimiento. La pregunta es por qué un sistema por cable sería la mejor solución frente a una red de rutas desordenada, vehículos deteriorados, transbordos costosos, calles inundables y una movilidad metropolitana que nunca ha sido atendida integralmente. Tampoco basta sumar los pasajeros que circulan por una zona y presentarlos como usuarios potenciales. Una persona utilizará una estación si la acerca a su trabajo, escuela o vivienda, reduce su tiempo de traslado y no la obliga a pagar más o realizar transbordos innecesarios; hasta ahora, eso no ha sido demostrado públicamente. El proyecto cambia; la seguridad del discurso oficial no. Te puede interesar: El cablebús de Puebla, a largo plazo causará más problemas que beneficios ¿Cómo afectará el cablebús al Centro Histórico de Puebla? La misma ligereza aparece cuando el gobierno responde a las preocupaciones sobre el Centro Histórico. Se afirma con vehemencia que el cablebús estará a doscientos metros del límite del polígono protegido, como si el patrimonio terminara exactamente donde acaba una línea administrativa. No termina ahí. El sistema se ubicará en el entorno inmediato del Centro Histórico y en la franja urbana que conecta la zona monumental con la ciudad consolidada, donde todavía existen relaciones visuales, barrios tradicionales, recorridos, mercados, actividades religiosas, memorias colectivas y formas de vida estrechamente vinculadas con la ciudad histórica. El patrimonio de Puebla no está formado únicamente por iglesias, casonas, fachadas y obras artísticas; también depende de cómo funcionan los barrios que rodean al centro, de sus comercios, oficios, procesiones, mercados, recorridos cotidianos y relaciones vecinales. Una torre puede quedar fuera del polígono y alterar las visuales, mientras una estación puede no tocar un inmueble catalogado y cambiar por completo la dinámica de un barrio. Los edificios pueden permanecer en pie mientras desaparecen las actividades y formas de vida que les daban sentido. Ése es el punto que el gobierno elude cuando responde únicamente con la distancia de doscientos metros. También está el agua. Las cabinas circularán por encima de las calles, pero las torres y estaciones necesitarán excavaciones, cimentaciones, accesos, superficies endurecidas y obras complementarias. Puebla acaba de sufrir inundaciones que volvieron a exhibir la fragilidad de su infraestructura hidráulica, por lo que cada nueva intervención debe demostrar cómo afectará la infiltración, los escurrimientos y la capacidad del drenaje. No puede afirmarse sin pruebas que el cablebús causará inundaciones, pero tampoco puede asegurarse que no las agravará; en una ciudad que ya se inunda, corresponde al gobierno demostrar que conoce ese riesgo ambiental y cuenta con medidas para controlarlo. Las estaciones tampoco son simples puntos de ascenso y descenso. A su alrededor cambian las rentas, aparecen nuevos comercios, desaparecen otros, aumenta el valor del suelo y se reorganizan los flujos peatonales y vehiculares. Puede surgir especulación inmobiliaria, desplazamiento de vivienda, saturación del espacio público o crecimiento del comercio informal. Algunas transformaciones pueden ser positivas; otras pueden deteriorar lentamente los barrios que el proyecto pretende beneficiar. Toda ciudad cambia, pero la pregunta es si el gobierno comprende la magnitud del cambio que está provocando. ¿Puebla necesita un cablebús? Puebla necesita movilidad, pero no está demostrado que necesite este cablebús, con este trazo, este costo y estas consecuencias. El gobierno responde a la crítica con descalificaciones y presenta cualquier oposición al proyecto como resistencia al progreso; es una estrategia cómoda porque permite evitar la discusión sobre las necesidades reales de la ciudad y convertir toda objeción técnica, ambiental o patrimonial en un ataque político. El problema no es el ego de un gobernador que quiere dejar una gran obra, sino que necesite una gran obra antes de saber cuál necesita Puebla. Las obras icónicas se inauguran una vez, pero las ciudades deben mantenerlas todos los días por años. Cuando terminen los discursos comenzarán los costos de operación, la sustitución de cables y motores, las refacciones especializadas, por cierto, todos europeos. Así como los seguros, los protocolos de evacuación y la responsabilidad por fallas. También habrá que saber quién operará el sistema, cuánto subsidio requerirá, qué sucederá durante tormentas o interrupciones eléctricas y quién responderá si una deficiencia técnica provoca un accidente. Nada de eso cabe en una fotografía inaugural, pero determinará si el cablebús se convierte en infraestructura útil o en una carga permanente. Los gobiernos duran seis años; Puebla tiene casi cinco siglos de historia. Dentro de pocos años importará poco quién inauguró el cablebús, pero permanecerán las torres, los costos de mantenimiento, las visuales modificadas, los barrios transformados y las consecuencias de una decisión casi imposible de revertir. El ego político tiene fecha de caducidad. Sus obras, cuando se equivocan, pueden durar generaciones. Te puede interesar: Cablebús de Puebla: ¿resuelve problema de movilidad o solo es un símbolo de modernidad? |