26 de Julio de 2026 |
Para los especialistas en estrategia y comunicación política existen premisas que parten de recomendar a sus clientes hacer propuestas diferentes para "borrar" la sombra del pasado; es decir, mostrar una identidad propia. Por ende, habría de actuarse de manera diferente. Pero, en la práctica, esa premisa se va descartando en la medida en que afloran los mismos defectos, la puesta en práctica de modelos que "han funcionado" y, si funcionaron, bueno sería repetirlos, aunque con ello se arriesguen los puntos vitales ideológicos o la forma de gobierno. La reflexión deriva de un asunto: cada vez más, los discursos de los políticos de la 4T se van pareciendo más a los antiguos mensajes del PRI en su máxima expresión. La experiencia derivó de la observancia de cómo los sacerdotes les hablaban a los fieles. En los sermones e intervenciones de los sacerdotes, la norma se establece en privilegiar siempre a Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo y, después, a la Virgen María y a los apóstoles y santos que marca la tradición cristiana. Ese método establece que siempre se debe hacer referencia a Dios como centro de todo; al Papa, como su representante en la Tierra; al arzobispo u obispo de la diócesis, y así sucesivamente. Pues bien. Esta práctica fue usada el siglo pasado con éxito por quienes protagonizaron el sistema político que se mantuvo durante siete décadas. Los oradores, los jilguerillos, los protagonistas de los discursos en concentraciones masivas o privadas, ponían por encima de todo el agradecimiento al presidente, al gobernador y demás autoridades, según la escala y el escenario. Siempre debía estar presente la figura de Benito Juárez, de los héroes que nos dieron patria y remarcar los símbolos y las fechas importantes que originaron el presente. Un caso muy local es el uso del nombre "5 de Mayo", lo mismo en escuelas, avenidas, calles, colonias, mercados y lo que sea necesario. Los discursos del viejo PRI están de vuelta, pero con los sustitutos actuales. La 4T no ha podido eliminar el estilo, no ha logrado enterrar la práctica de alabanzas a los niveles de gobierno y ha sido incapaz de establecer una forma nueva de comunicar sus acciones a los ciudadanos. Antes se decía "PRI"; ahora se dice 4T. ¿Ejemplos? Obsérvense, léanse con calma, las intervenciones de los presuntos nominados a participar en las futuras elecciones federales y locales. Siempre aflora el mismo modelo; hay un cliché. Cualquiera de ellos agradece o cita a la presidenta del país, al gobernador, al movimiento, etcétera. Curiosamente, en la aldea pasa lo mismo, salvo por una ausencia. Ninguno de los aspirantes a cargos de elección popular que se votarán en 2027 cita a Pepe Chedraui en sus discursos. Los malpensados consideran que hay línea para no mencionarlo. En consecuencia, los estrategas empiezan a notar que ese deslinde podría ser un problema en el corto plazo, pues la sociedad percibe que la 4T está desunida.
O, por lo menos, así me lo parece.
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