02 de Agosto de 2026

De pronto el tema de la “censura” o el control de medios electrónicos, en la radio principalmente, abarca la tendencia en redes y muchos analistas, algunos periodistas, se meten en el tema, quizá de buena fe, o por encomienda de quienes pretenden crear confusión o defender sus intereses.

Desde que la radio concesionada existe en México siempre ha estado condicionada a los “vetos” o “controles” del gobierno o de los grupos de poder quienes vieron en este sistema de comunicación por las ondas hertzianas, la posibilidad de “orientar” a la opinión pública dejándoles o impidiéndoles escuchar comentarios sobre la actuación del gobierno.

Muchas anécdotas vienen a la cabeza de este reportero que incursionó en 1978 a la radiodifusión comercial en el área de noticiarios.

José Luis Ibarra Mazari conducía el programa “Testigo” en una de las estaciones de “Organización Estrellas de Oro” -hoy simplemente Radio Oro-; los concesionarios de las estaciones bajo el mando de los hermanos Grajales estaban preocupados por los contenidos del programa, querían hacer algo como “Radio Mil” de la Ciudad de México y encontraron en este reportero al elemento que podría dirigir el área de “noticiarios” del grupo.

Fue así como entré a contratar reporteros, coordinar, dirigir e incluso conducir, previa entrevista con el líder del sindicato Marco Aurelio Mendoza quien pronunció una serie de condiciones, era cetemista y por supuesto militaba en el PRI. Salvado el trámite y pagados los derechos del “desplazamiento”, se abrieron las puertas.

Por aquellas épocas, ya 1979, el Grupo Serfín había adquirido una casa del siglo XVIII en la Avenida Reforma 319 en la capital de Puebla y se dispuso a restaurarla. La inauguración fue todo un acontecimiento, vinieron altos ejecutivos y el tema fue motivo de noticias radiofónicas. Además Serfín era cliente de la empresa a través de las cadenas nacionales donde se contrataba la publicidad.

Este reportero entrevistó al doctor Efraín Castro Morales, Cronista de la Ciudad y delegado del INAH sobre la intervención del edificio. La noticia sirvió de base para mi columna, y se armó la polémica, el escándalo.

Días después llegaron los asesores de México y hablaron con los hermanos Grajales en consecuencia este reportero tuvo que abandonar su oficina y sufrir lo que hoy podría llamarse un “veto”. Pesó más la publicidad del banco que la opinión de expertos sobre las intervenciones de los edificios históricos.

Me lo comunicaron antes de la comida, después de grabar el resumen noticioso del medio día y me fui a comer al Armando’s, frente a Estrellas de Oro.

Ahí estaba comiendo Rafael Cañedo con su socio, Jaime Barcena. Intercambiamos saludos y acabamos en la misma mesa, nunca dije que me habían despedido. Rafael, “el patrón”, me retó a hacer un resumen noticioso, cada hora, y acepté, y al día siguiente me presenté en la HR, Rafael me reclamó no haberle informado de mi despido, pero me dio la bienvenida y ahí estuve 10 años…

Esta y muchas anécdotas sobre la censura en la radio poblana se pueden y se deben contar. Los periodistas locales fuimos condicionados muchas veces, otras más hasta perseguidos.

Quizá valdría la pena poner en valor estas historias de censura periodística en la radio poblana, las personales y las conocidas de otros colegas…

 

O por lo menos, así me lo parece.

 

 

 

 

 

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