Lunes 31 de Agosto de 2026 |
En consecuencia de la renuncia de don Víctor Sánchez Espinosa a ocupar la titularidad del Arzobispado de Puebla, muchas versiones se han desatado: algunas verdaderamente imprudentes; otras, con cercanía a los hechos reales; las menos, con el sello de la prudencia. Ser arzobispo de Puebla constituye no solo una enorme responsabilidad en la estructura eclesiástica, también obedece al interés del Vaticano por mantener el equilibrio entre las fuerzas que rodean el desempeño del Cuerpo Místico de Cristo, es decir, de la Iglesia. Hay diversas corrientes en torno al poder de un arzobispo, y algunas de ellas proceden de enfrentamientos históricos con la jerarquía eclesiástica. La llamada ‘derecha poblana’ ha intentado muchas veces aumentar su influencia en el Vaticano y conseguir a un ‘arzobispo amigo’, es decir, que se sienta comprometido con sus procederes externos a la Iglesia y más identificado con el quehacer político dentro de una concepción ciertamente católica, pero con diferencias sustanciales, a veces, con la misión pastoral del arzobispo; y, principalmente, que suponga que el cargo se lo debe a esa ‘derecha poblana’. Quienes han estado cerca de los arzobispos podrían contar anécdotas sobre cómo se daban o quizá siguen dándose las ‘presiones’ sobre determinados temas más cercanos a lo político, a los grupos de poder. Don Rosendo Huesca conoció perfectamente el desempeño de esos grupos y buscó ser tolerante, pero inflexible en ciertos asuntos. Por supuesto, la grilla de los ‘vaticanistas’ no se hizo esperar. Tiempo atrás, la ‘derecha poblana’ logró colocar a personajes locales en tareas del Vaticano, desde donde se hace el cabildeo para los fines aldeanos. Una buena parte de ese cabildeo se ha dado en el desempeño de las actividades universitarias, como la entrega de ‘doctorados honoris causa’ a prelados y dignatarios del Vaticano. Hace algunos años, en el momento de la sucesión de don Rosendo, sin saberse que sería don Víctor Sánchez, un personaje local, hoy obispo en el norte del país, fue convencido de aprovechar su cercanía con un dignatario del Vaticano para hacer llegar información sobre Puebla y sus necesidades en el entorno de quien sería el arzobispo. Por desgracia para ese personaje, fue descubierto y, en poco tiempo, pasó a ocupar una diócesis en otra entidad. Otros casos similares se dieron al margen del trabajo a sotto voce para hacer crecer la imagen de algunos de los obispos auxiliares. El Vaticano acabó por retirarlos de la Arquidiócesis poblana y también enviarlos al norte del país. Días después de que don Víctor Sánchez presentara su renuncia al Papa, este reportero buscó a un sacerdote muy enterado de estos temas para preguntarle sobre quiénes tendrían el perfil para suceder a don Víctor. Palabras más, palabras menos, salió el nombre de monseñor Felipe Pozos Lorenzini, de quien el entrevistado dijo: “Pero él no quiere regresar a Puebla”. Han pasado los meses y se han registrado muchos asuntos, eventos que, si bien no dan luz sobre el sucesor, sí permiten aumentar la información a incluir en el análisis externo. En la ceremonia de los 50 años de sacerdote de don Víctor, no estuvo ninguno de sus exobispos auxiliares; para muchos, fue una clara línea de que, al menos en la Delegación Apostólica de México, no existía intención de ‘sembrar’ al sucesor de don Víctor. Pero los grupos externos, patrocinadores o manipuladores de algunos personajes en la línea de la sucesión, no han parado de actuar. Y un hecho casi desapercibido se dio hace unos días. Monseñor Pozos Lorenzini fue el responsable de la celebración de la misa de transición de rector en la UPAEP, un asunto casi ignorado, salvo por los corrillos en su entorno. El ‘vaticanista’ Andrés Beltramo Álvarez, excorresponsal de Notimex en el Vaticano, es actualmente el responsable de la estrategia de comunicación de la universidad y, para muchos, es un personaje con amplias relaciones en el Vaticano, razón por la cual la universidad lo trajo; se trataría de un importante vínculo con la jerarquía de Roma. Y entonces surge la duda: ¿acaso la ‘derecha’ está interesada en que Pozos Lorenzini sea el nuevo arzobispo de Puebla? Es decir, tener a un arzobispo amigo, cosa que no ha sucedido desde tiempos de don Octaviano. Y es que, visiblemente, no hay ninguna justificación para “traer” a un obispo desde Ciudad Obregón a celebrar una misa en Puebla, donde hay un arzobispo y dos obispos auxiliares. Tal parece que la derecha buscó inclinar los reflectores.
O, por lo menos, así me lo parece.
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