06 de Septiembre de 2026

Por lo visto, oído y leído, Morena pondrá como condición especial a quienes pretendan figurar en la lista de aspirantes a cargo popular en 2027, que cubran un concepto casi olvidado: la buena fama; es decir tener buena fama pública.

Curiosamente esa premisa pretende justificarse con las “encuestas”, un método pragmático a veces, seductor de conciencias económicas y muestra palpable de aquella frase del cuento de Blanca Nieves: “Espejito, espejito, ¿quién es la más bonita del reino?”.

Para Maurice Joly la fama depende del público que se interpreta como el “coro” y su labor es “repetir” las bondades del político, de donde se podría desprender aquello del “corifeo”.

O sea, la “fama” requerida por Morena vendrá forzosamente de la prensa, de la opinión pública, y si la libertad de prensa está condicionada, es entendible que la fama pública será manipulada al antojo de quien condicione la libre expresión.

Contra la fama pública está la calumnia, un asunto también descrito en “El manual del trepador” de Joly: “La calumnia es el principal instrumento que se utiliza en las cortes para atacar y destruir a los enemigos. Este gran agente moral, que por otra parte se emplea con gran éxito en política, es ante todo un arma de cortesano, pero un arma de doble filo que sólo tras larga práctica se logra manejar sin peligro”.

Así que los aspirantes a cargo de elección popular, al menos los de Morena Puebla, deberán demostrar la fama pública, evitar ser calumniados, o en su defecto calumniar al enemigo para que no goce de buena fama pública.

Por suerte, para ellos, el principal filtro será el senador Adán Augusto López Hernández, quien es una “muestra inmejorable” de los atributos requeridos, o sea la Iglesia en manos de Lutero, diría el clásico.

 

 

O por lo menos, así me lo parece.

 

 

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