04 de Octubre de 2026 |
Asistimos otra vez al espectáculo mediático y político en donde hemos reducido dos proyectos urbanos a las hinchadas de equipos de fútbol. Por un lado tenemos el proyecto impulsado por el gobierno de Alejandro Armenta. Del otro, la inversión que Carlos Slim presentó junto con José Chedraui para intervenir Paseo de San Francisco. Carlos Slim anunció el 1 de octubre una inversión cercana a 4 mil millones de pesos para desarrollar alrededor de 700 viviendas, corredores comerciales y estacionamientos en Paseo de San Francisco. La intervención, faltaba más, deberá cumplir con restricciones del INAH porque se encuentra dentro de una zona histórica protegida. Más detalles: Slim proyecta 700 viviendas y una inversión de 4 mil millones para San Francisco Un gran proyecto que por supuesto desata muchos cuestionamientos sobre vivienda, movilidad, patrimonio y posible gentrificación. Preguntar por esas consecuencias es absolutamente válido. Un desarrollo inmobiliario de esa escala modificará una parte importante del Centro Histórico y resulta razonable discutir quién podrá vivir ahí, qué ocurrirá con el tránsito, qué presión generará sobre los servicios y cómo se protegerá el patrimonio. También es válido preguntarse qué significa, políticamente, que Carlos Slim haya presentado personalmente el proyecto junto a Chedraui. Más aún porque el alcalde confirmó hace apenas unos días que pretende buscar la reelección en 2027. Las reflexiones dejaron el interés de un aporte a un análisis colectivo y funcionan como municiones dentro de una disputa política. Durante meses vecinos, ambientalistas y organizaciones civiles han pedido conocer estudios, impactos y justificación técnica del cablebús. Hubo marchas, amparos y protestas. Habitantes de distintas colonias cuestionaron la afectación de árboles, la privacidad de viviendas y la falta de información pública. Muchas de esas preguntas siguen siendo perfectamente legítimas. Sin embargo, la respuesta política terminó contaminando la conversación. Alejandro Armenta ha defendido reiteradamente el Cablebús y aseguró que se realizará pese a las críticas. Incluso atribuyó algunas de las resistencias dentro de Morena a intereses políticos y personales. Cuando quien cuestiona una obra pública es colocado inmediatamente dentro del campo de los opositores, la discusión deja de ser sobre árboles, movilidad o dinero público. Pasa a ser sobre quién está con quién. Y ahora el fenómeno amenaza con repetirse en sentido contrario con San Francisco. En redes y espacios periodísticos aparecieron cuestionamientos sobre gentrificación, beneficio para grandes capitales y afectaciones al Centro Histórico. Algunos son asuntos que merecen revisión seria. Incluso medios que han cubierto críticamente el proyecto del Cablebús comenzaron a colocar bajo escrutinio la inversión de Slim. Defender automáticamente San Francisco porque criticarlo parece beneficiar a los adversarios del alcalde sería tan absurdo como defender automáticamente el Cablebús porque cuestionarlo incomoda al gobernador. En pocas horas una discusión compleja puede quedar reducida a dos etiquetas. Estás con el Cablebús o contra él. Estás con San Francisco o contra él. Quien cuestiona el Cablebús puede terminar etiquetado como opositor al gobierno estatal. Quien plantea dudas sobre el proyecto de Slim puede ser colocado entre quienes quieren golpear políticamente a Chedraui. Así desaparece algo indispensable en una democracia local: la posibilidad de preguntar sin tener que afiliarse a una narrativa. Y como siempre, aparecen las cuentas que repiten consignas. Comentarios idénticos, descalificaciones personales, publicaciones que buscan convertir una duda técnica en ataque político. El número de mensajes puede crear a impresión de consenso, aunque muchas veces únicamente produzca ruido. Ya vimos ese problema en otros episodios de comunicación gubernamental. Te recomendamos: Incredulidad: El alto costo del ruido oficial Repetir una versión muchas veces puede aumentar su alcance. Eso no necesariamente aumenta su credibilidad. El volumen sustituye al argumento. Y la conversación pública pierde. Hay algo particularmente dañino cuando los gobiernos, sus adversarios, medios cercanos o ejércitos digitales convierten cada obra en una guerra de narrativas y terminan destruyendo el espacio donde podría ocurrir la discusión útil. Entonces llegó involuntariamente, o con falta de cálculo y estrategia, la gran paradoja: Quienes ayer desacreditaban las críticas ambientales al Cablebús pueden descubrir hoy que esos argumentos resultan útiles para cuestionar San Francisco. Y quienes denunciaban los impactos de una gran obra pública pueden sentirse tentados a minimizar las dudas sobre San Francisco porque el proyecto fortalece políticamente a alguien con quien simpatizan. Hay una ironía difícil de ignorar: la crítica casi sincronizada de funcionarios estatales contra el proyecto de Slim terminó abriendo una puerta que quizá no calcularon. Más detalles: Funcionarios armentistas rechazan proyecto de Carlos Slim en Paseo San Francisco Al cuestionar gentrificación, impacto urbano, patrimonio y falta de planeación, colocaron sobre la mesa criterios que la ciudadanía empezó a devolverles de inmediato con una pregunta incómoda: ¿y el Cablebús? La ofensiva contra San Francisco terminó exhibiendo la doble vara y reactivando dudas que el propio gobierno había intentado minimizar en su proyecto emblemático Ya nadie parece discutir con seriedad sobre la ciudad y el Estado. Se discuten candidaturas. No deberíamos ser #TeamCablebús. Tampoco #TeamSanFrancisco. Deberíamos ser capaces de exigir lo mismo a ambos proyectos. Información. Explicaciones. Y la libertad de hacer preguntas sin que inmediatamente alguien decida de qué lado estamos. Hasta la próxima |