Martes 03 de Noviembre de 2026

Recordaba, al conocer la noticia del fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas, el momento en el que, todavía como militantes del PRI, él, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros personajes formaron la Corriente Democrática, que se llamó también democratizadora y crítica, exigiendo procedimientos democráticos para la designación de candidaturas, elecciones limpias, pluralidad y acabar con la concentración del poder político. Rompieron con el PRI.

Al interior se organizó la Corriente Crítica, con Rodolfo González Guevara. Recuerdo a un grupo de amigas y amigos militantes del que formamos parte, entre ellos, Lidia Zarrazaga (QEPD), Toño Hernández y Genis, Sergio Sandoval, una servidora y muchos más cuyos nombres se me escapan de la memoria, y que intentamos continuar aportando desde adentro.

Al morir Cuauhtémoc Cárdenas, considerado como el líder histórico de la izquierda mexicana y precursor de la transición democrática del país, obligado es hacer un balance de la lucha que emprendieron al salir del PRI, con la plena convicción de que la única vía para lograr sociedades más justas e igualitarias es la democrática. Qué lejos pareciera esa causa ahora.

A la llegada al gobierno del hoy partido oficial, Morena, se ataca, se destruye a las instituciones, se apuesta por desarticular todas aquellas instituciones y mecanismos que obligaban a la rendición de cuentas.

Como consecuencia, hoy la corrupción y la impunidad parecieran ser “una suerte de prestación, casi garantizada cuando se ocupan puestos clave en la administración pública” (Excélsior, Carlos Carranza, 01/11/2026). Claros ejemplos están a la vista: los responsables del desfalco a Segalmex, de las obras “simbólicas” de estos gobiernos, Rubén Rocha Moya y asociados, los presuntos responsables del huachicol, Guadalupe Taddei y otros tantos más que atraviesan a las instituciones.

Tal vez todo esto, sumado a lo que fue observando en los últimos años de los gobiernos que se autonombraron como de izquierda, hizo que, a pregunta expresa en sus entrevistas, Cuauhtémoc Cárdenas rechazara la filiación izquierdista de los gobiernos actuales. Cómo olvidar también el mensaje del entonces diputado Porfirio Muñoz Ledo, quien, como presidente de la Cámara de Diputados, dirigiéndose a la bancada mayoritaria de Morena en el Congreso, con palabras altisonantes les dijo: “Ching… a su madre… qué manera de legislar”, y tomaron distancia de estos gobiernos.

Escuchaba hace unos días las palabras de la señora presidenta en referencia a la cloaca en que la señora consejera Guadalupe Taddei convirtió al INE, señalando que “traicionó la confianza del pueblo”, y pensé de inmediato en las muchas otras en que han convertido a diversas dependencias: corrupción, mal manejo de recursos públicos, excesos, escándalos, complicidades, sin rendición de cuentas. Todo junto, sin duda, habla de la destrucción de la democracia, que es justamente contra lo que luchó Cuauhtémoc Cárdenas, al que hoy todos y todas reconocen como líder histórico de la izquierda mexicana y precursor de la transición democrática del país, y que ahora resulta que todos caminaron junto con él en su lucha.

Justo esos proyectos que aparentan ser de izquierda bajo el discurso de la “voluntad popular”, que Morena en el gobierno y como partido político ha reproducido, y de los que hoy lamentablemente somos testigos o cómplices por omisión, han contribuido al deterioro silencioso mediante reformas legales, nombramientos discrecionales, concentración de facultades y debilitamiento de los contrapesos que han marcado a los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación. Son los responsables de que, con sus malos gobiernos, la ultraderecha y las derechas autoritarias y populistas avancen. Bien dijo Cuauhtémoc Cárdenas: no hay izquierda viable sin democracia.

Cabría entonces preguntar: ¿Morena en el gobierno ha traicionado la confianza del pueblo?