Jueves 05 de Noviembre de 2026

Fue una tarde muy placentera, Zalacaín la había tenido muy presente, varias circunstancias se habían reunido, intervinieron la música, la historia, el arte, la comida y un libro buscado en los últimos años por el aventurero y llegado a sus manos en esa reunión.

Antonio Cesti, toscano, fue considerado el "músico más popular de su generación", vivió a mediados del siglo XVII y fue protegido de los Médici, a quienes les debió su formación musical.

La culta dama identificó inmediatamente la ópera reproducida en la computadora de la oficina del aventurero. "l pomo d'oro, de Cesti", dijo.

Efectivamente, una extraña ópera poco conocida debido a la complejidad de su interpretación, pero principalmente a su duración. En su presentación original fue dividida en dos fechas, pues en conjunto se hubieran necesitado unas 10 horas de interpretación.

La charla fluyó. Aparecieron las anécdotas del libreto escrito por el vienés Francesco Sbarra, por encargo del emperador Leopoldo I de Austria, para celebrar el cumpleaños de su recién llegada esposa, Margarita María Teresa de Austria y Habsburgo, quien fue lanzada a la fama por el pintor de la corte española de los Austrias, Diego Velázquez, ni más ni menos, en el cuadro Las meninas. Era hija de Felipe IV y Mariana de Austria.

La infanta Margarita es el personaje central del cuadro, donde aparece con muy pocos años. Velázquez había recibido el encargo de pintar a la infanta desde los tres años y mandar los cuadros a la corte de Viena debido al compromiso contraído para casarse con su primo Leopoldo I.

Tenía 14 años cuando se casó por poderes y 15 cuando contrajo nupcias formales en Viena, motivo por el cual el emperador encomendó a Cesti y Sbarra la ópera Il pomo d'oro.

El argumento estuvo basado en la historia del Juicio de Paris. La amiga de Zalacaín hizo gala de sus conocimientos sobre el tema:

"Paris era un príncipe troyano y los dioses le piden elegir a la diosa con quien contraerá nupcias. Aparecen así en la competencia Venus, Juno y Palas; Paris debía decidir quién de las tres era la más bella y entregarle la manzana de oro".

Y continuó la amiga:

"La ópera describe a Palas, también llamada Minerva, como la más bella. Eso genera los celos y el enojo de Venus y Juno. Entonces aparece Júpiter, pone orden en la mesa y entrega la Manzana de Oro a la emperatriz Margarita".

Así, con esa ópera, la infanta convertida en emperatriz celebró sus 17 años en Viena. Murió muy pronto, casi al cumplir los 22 años.

La amiga de Zalacaín vivía en Madrid y le había traído algunos libros, raros, como siempre, para un individuo como él, muy raro también en sus gustos, según apreciaciones posmodernas.

El tema gastronómico los había unido décadas atrás y compartían algunas aficiones, como el gusto por el Oporto y los vinos de Jerez, el Palo Cortado y el Oloroso, principalmente.

Uno de los libros era "100 maneras de preparar huevos ". Reunía precisamente eso: cien recetas recogidas a finales del siglo XIX por el español Saturnino Calleja, quien escribía bajo el seudónimo de Mademoiselle Rose.

Se trataba de una de las primeras ediciones. Eso tenía un valor especial, pues existen otras facsimilares del siglo XXI.

Y Zalacaín leyó la primera de ellas: "Huevos pasados por agua":

"Se ponen los huevos dos minutos en agua hirviendo, se retiran del fuego, y se dejan un minuto más en el agua para que se pongan lechosos. Sírvanse en una servilleta plegada cuatro veces.

"De otra manera: Se ponen los huevos al fuego en agua fría; cuando el agua comience a hervir, los huevos están en su punto.

"Más sencillamente: Tómese un reloj de arena, y vuélvase para que la arena se halle toda en la ampolla superior cuando se pongan los huevos con el agua hirviendo. Éstos estarán a punto cuando la arena haya descendido al reservorio inferior".

La receta le trajo a Zalacaín el recuerdo de cómo su abuela preparaba los llamados «huevos tibios». Ponía el recipiente con agua hirviendo, metía el huevo y rezaba un "Credo", de los antiguos. Al terminar con «Amén», sacaba el huevo y lo colocaba en la copa especial para romperlo.

Después del Concilio Vaticano II, en 1965, cuando el "Credo se hizo más corto", la abuela dejó de hacer los huevos.

Y la amiga preguntó sobre el segundo libro encargado por Zalacaín, cuyo título era similar al escrito por Antelmo Brillat-Savarin, Fisiología del gusto, publicado en 1825 y considerado una de las obras más importantes en el mundo de la gastronomía.

Pero este libro traído de España era una novedad. Editado por elBullifoundation, aportaba una genialidad de los tiempos modernos.

El título lo decía todo: "Fisiología del gusto del siglo XXI o Meditaciones de gastronomía trascendente; obra teórica, histórica y a la orden del día". Estaba dedicado a los gastrónomos del mundo y firmado por Luis Racionero y su hijo Alexis Racionero.

El formato se repetía. Brillat-Savarin acuñó sus "Aforismos" universales, válidos a la fecha, pero los autores catalanes aportan los suyos: "Aforismos de profesores para servir de prolegómeno a su obra y de base eterna a la ciencia".

Zalacaín reparó en el primero de los autores, Luis Racionero, prolífico escritor catalán, con más de 40 ensayos y libros, quien había capturado su interés años atrás en una entrevista donde hablaba de las mujeres.

Había escrito una especie de 2memorias" bajo el título "Sobrevivir a un gran amor seis veces", en 2009.

Racionero describe en su texto las personalidades y sus sentimientos con seis mujeres, sus parejas, sin revelar sus nombres, solo ubicándolas con letras del alfabeto.

La entrevista a Luis Racionero, leída años atrás por el aventurero, lo describía por completo:

"Afirma usted que las mujeres son superiores...".

Y responde:

"Sobre todo en la fuerza vital y en la capacidad de hacer cosas. Nuestra ventaja es que envejecemos mucho mejor. En nosotros es menos grave porque es menos importante, y eso es también por ellas, que le dan menos importancia a nuestra belleza. Buscan otras cosas en nosotros: estabilidad, paciencia, constancia, regularidad...".

También afirma: "La clave del dominio de las mujeres sobre los descolocados hombres de hoy es que el deseo de estos es cien veces superior…".

Y sí, efectivamente.

En 1937 apareció una película mexicana, con Sara García, entre otros actores, bajo el título "Las mujeres mandan". El argumento trata sobre un cajero de un pueblo en Querétaro que se enamora de una bailarina a quien sigue hasta la Ciudad de México. Se hace su amante y ella lo seduce al grado de obligarlo a robar un banco. El desenlace es fatal: es detenido, restituye el dinero y regresa a su pueblo.

Y la amiga de Zalacaín citó, como complemento de la charla, la canción de Paquita la del Barrio, con ese mismo nombre.

La letra reivindicaba la voz de las mujeres frente a los malos tratos.

Y aparecieron muchas anécdotas de amigos y amigas conocidos, donde la premisa había sido constante.

¿Y la Fisiología del gusto del siglo XXI?

Cierto, ese era el motivo de la reunión, pero bueno, dijo Zalacaín, esa, esa es otra historia.

Autor de "Orígenes de la cocina poblana", Editorial Planeta.