Marín y su defensa estaban seguros de que la justicia federal le daría una palmadita en la espalda y le permitiría seguir su proceso en la comodidad de su hogar en Xilotzingo
¡Vecinas, vecinos!
Oigan, pues si alguien pensaba que Mario Marín disfrutaría de su vejez en pantuflas y con cafecito en mano, pues la mera verdad se equivocó. Resulta que el exgobernador de Puebla tuvo que desempacar las maletas y regresar al penal del Altiplano, porque, ¡sorpresa!, había riesgo de fuga.
¿Quién lo hubiera imaginado?
La medida fue tomada tras una apelación de Lydia Cacho, quien, a diferencia de otros personajes en esta historia, no olvida ni perdona. La periodista logró convencer a dos de tres jueces de que Marín es un preso peligroso, lo que suena lógico si consideramos que no hablamos de un monaguillo, sino de alguien acusado de tortura. El regreso de Marín a su celda no fue tan elegante como su salida a prisión domiciliaria. Esta vez no hubo Guardia Nacional escoltándolo a su casa con la delicadeza de quien lleva a un VIP a su suite presidencial. ¡No!, ahora fue un “arreando que es gerundio” directo a Almoloya, sin escalas y sin despedidas emotivas. Y es que, aunque el exgobernador intentó hasta el último momento frenar su retorno con un amparo exprés, la justicia no le dio tregua. Debió ser un trago amargo, porque Marín y su defensa estaban seguros de que la justicia federal le daría una palmadita en la espalda y le permitiría seguir su proceso en la comodidad de su hogar en Xilotzingo, con su brazalete electrónico como único adorno.
¡Pero no!
Ahora tendrá que conformarse con la vista de las rejas y la compañía de otros ilustres personajes de la política nacional que también confundieron servicio público con impunidad y abuso de poder.
El arte de tapar escándalos con pinceladas
Puebla nunca decepciona. Si no es por la política, es por el arte.
Esta vez, el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP) decidió apoyar a un artista con un currículum… peculiar, por decir lo menos: Esteban Fuentes de María, presunto traficante de especies exóticas, quien ahora llevará su “talento” a Nueva York.
Porque, claro, ¿qué mejor embajador cultural que alguien investigado por la Profepa?
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El IMACP, en un arrebato de modernidad y apertura, ha decidido que el arte es un espacio libre de prejuicios.
¿Tienes una investigación por vender monos araña? ¡No importa!, toma un boleto a la Gran Manzana.
¿Has hecho declaraciones polémicas sugiriendo conspiraciones de asesinato? ¡No hay problema!, el arte todo lo purifica.
La titular del IMACP, Anel Nochebuena, lo dejó clarísimo: “El arte no es un tema politizable”. Y tiene razón, en Puebla los únicos que pueden politizar el arte son los que llevan años saqueando los presupuestos culturales.
¿Tráfico de especies?
¿Corrupción?
¡Eso no es lo relevante!
Lo importante es que Esteban va sin maletas, como si eso compensara la carga histórica que lleva a cuestas. Pero tranquilos, vecinas y vecinos, que ahora lo que importa es la exposición en Nueva York. * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
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