Jueves 08 de Enero de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

Se sabe que hay herencias que llegan en forma de vajilla fina y hay otras —las poblanas, por ejemplo— que llegan en forma de elefantes blancos con factura pendiente.

Y una vez más, vecinas y vecinos, toca hablar de otra joya del fastuoso morenovallismo, esa etapa dorada donde el cemento era glamur y el presupuesto parecía infinito.

Ahora resulta que el Gobierno de Puebla tendrá que meterle 83.7 millones de pesos a los famosos arcos de seguridad, esas estructuras monumentales que se vendieron como el escudo invisible del estado y que hoy, sorpresa, ni siquiera eran habitables.

 

Ni para vigilar, ni para vivir, ni para tomarse un café sin goteras.

 

¿Cuánto dinero se ha invertido en los arcos de seguridad?

Para que se dé una idea del tamaño del asunto, en 2025 ya se habían gastado 14 millones solo para que los policías no trabajaran entre humedad, abandono y fantasmas del pasado.

Y ahora viene la segunda tanda de unos 26 millones de la Secretaria de Seguridad Pública (SSP) y 57.7 millones de Infraestructura, porque aquí no se trata de si queremos rescatarlos, sino de que sí o sí hay que hacerlo.

 

Tirarlos no se puede, ignorarlos menos y hacer como que nunca existieron… pues tampoco.

 

Los arcos están repartidos como recuerdo incómodo en Altepexi, Atlixco, Cuapiaxtla, Huejotzingo, Izúcar, Palmar de Bravo y Tehuacán.

 

Siete monumentos al “se ve bonito desde lejos”, pero que por dentro parecían más bien escenografía de película postapocalíptica.

Eso sí, nos dicen que por ahora no habrá modernización tecnológica, porque las patrullas ya traen juguetitos nuevos y hasta drones, faltaba más. El problema no era la tecnología, era que ni las paredes estaban en condiciones.

 

Primero lo básico: que no se caiga el techo, luego ya veremos si el arco de seguridad detecta algo más que polvo.

 

Y para rematar la joya heredada, pues no todos los terrenos están escriturados. Algunos son ejidales, otros municipales, uno hasta de un particular.

O sea, arcos de seguridad millonarios en terrenos prestados, como si fueran fiestas de lujo en casa ajena.

Apenas Palmar de Bravo y Huejotzingo tienen papeles en regla; los demás siguen en el limbo inmobiliario.

 

En La Vecindad ya conocemos esta historia de obras carísimas, planeadas para la foto, olvidadas para el mantenimiento y rescatadas años después con más dinero público. No porque sean buenas, sino porque ahí están, estorbando y cobrando factura.

 

Así que sí, otra herencia del morenovallismo que no se puede dejar morir, aunque haya nacido mal.

 

Porque en Puebla, cuando el pasado fue fastuoso, el presente paga los intereses.

*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org