Jueves 22 de Enero de 2026 |
¡Vecinas, vecinos!
Fíjense que en el Congreso de Puebla no hubo comparecencia, sino tianguis. Y es que diez minutos bastaron para que la fiscal Idamis Pastor y la diputada Fedrha Suriano sacaran el peine, la lista y el recibo.
Cada quien rascándose con sus propias uñas, como manda el manual no escrito de la política poblana.
Fedrha Suriano llegó con carpeta bajo el brazo y dedo acusador bien afilado. Que si corrupción interna, ministeriales importados del Edomex, renuncias forzadas y fiscales que entraron por la puerta grande y salieron por la de Asuntos Internos.
“Usted metió a la delincuencia a la casa que debería combatirla”, dijo, sin rodeos y sin anestesia.
Idamis Pastor, que no es nueva en esto, respiró hondo y regresó la pelota con efecto. “En todas las casas pasa”. Y ya encarrerada, recordó que Movimiento Ciudadano también firmó candidaturas que hoy están en proceso judicial.
Traducción vecinal: no me aviente piedras si su azotea también suena hueca.
¡Zaz!
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El intercambio subió de tono cuando la fiscal sacó el expediente incómodo de los González Vieyra.
Ahí el debate dejó de ser institucional y se volvió familiar. Que si presunción de inocencia, que si procesos abiertos, que si nadie es culpable hasta que lo diga un juez… pero el dardo ya estaba clavado. En política, como en la vecindad, lo importante no es tener razón, sino memoria.
Fedrha Suriano insistió en que la responsabilidad de la Fiscalía no se delega. Si hay once salidas por corrupción, nueve suspendidos y dos inhabilitados, alguien debe responder.
Idamis Pastor prefirió cerrar la ventanilla y ofrecer “platicarlo” después, como cuando el administrador del edificio promete revisar la fuga… ¡la próxima semana!
Al final, nadie se movió de su banqueta.
La fiscal defendiendo su institución con el argumento universal del “pasa en todos lados”. La diputada exigiendo cuentas como oposición aplicada. Y el Congreso de Puebla, testigo de un pleito donde nadie quedó limpio, pero todos quedaron expuestos.
En La Vecindad lo tenemos claro, y es que lo sucedido no fue choque de trenes, más bien fue intercambio de recibos. Cada quien cobró lo suyo, cada quien señaló lo ajeno.
Y mientras se gritan desde la ventana, la pregunta sigue colgada en el tendedero: ¿quién se hará cargo de la casa común cuando se acaben los reproches? Porque rascarse con uñas propias está bien… pero barrer la vecindad ya es otra cosa.
No te vayas sin leer: Colectivo denuncia fabricación de delitos en Puebla y exige liberar presos * Vecinas, vecinos, nos leemos el lunes.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular. |