Lunes 09 de Febrero de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

En esta vecindad ya lo habíamos visto todo, hasta que la austeridad se puso smoking, tirantes y copa de champaña.

Porque sí, mientras medio país aprieta el cinturón, en Puebla alguien decidió que era buen momento para invocar al Gran Gatsby, pero versión Bienestar.

 

La protagonista del episodio es Natalia Suárez del Real, funcionaria de la Secretaría de Bienestar, quien celebró sus 34 primaveras con una fiesta tan “privada” que terminó paseándose por redes sociales como desfile de carnaval.

 

Hotel boutique, torres de copas, vestuario años veinte, flappers y globos dorados.

Eso sí, hay que reconocerle algo, y es que admitió la incongruencia. Dijo que no fue muy 4T que digamos, que entiende la percepción pública y que merece respeto.

 

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Aplauso breve. Pero inmediatamente vino el clásico repertorio defensivo:

 

Que ella no organizó nada,

Que fue sorpresa,

Que cada quien pagó lo suyo,

Que era un acto estrictamente privado.

Aunque estrictamente privado no fue, porque internet lo vio todo.

 

En La Vecindad no somos mojigatos. La gente cumple años, festeja, brinda y baila.

 

El problema no es cumplir 34, sino cumplirlos como si fueras heredera de un emporio de cerveza en plena Ley Seca, mientras trabajas en una dependencia cuyo discurso central es la austeridad republicana.

 

No es ilegal, pero sí escénicamente desafortunado.

 

Porque el Gatsby original no era precisamente un manual de valores, sino que era exceso, apariencia, derroche y una moral medio chueca envuelta en jazz. Y de pronto, ¡zas!, esa estética aparece ligada a Bienestar.

 

Como si el programa social incluyera canapés y champaña por copeo.

 

Y así, la fiesta se sumó a la colección de momentos incómodos de la 4T, donde varios personajes parecen confundir la transformación con la tentación.

 

Moraleja vecinal:

Si vas a predicar austeridad, no pongas la música tan alto.

Porque en esta vecindad, tarde o temprano, alguien se asoma por la ventana…

Y graba el brindis.

*

El pacto de no agresión y buenos modales entre empresarios se rompió.

 

La sucesión por la dirigencia de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) Puebla dejó ver el lado más oscuro del empresariado.

 

Ese lado que tratan de esconder y que niegan con la misma vehemencia de un niño que fue cachado con chocolate en la boca.

 

Atrás quedaron los consensos, las buenas maneras y las negociaciones a puerta cerrada, donde los trapos sucios se lavaban en casa.

 

La contienda se abrió y con ello dejaron entrar a los demonios, esos que dominan en la política poblana con guerras sucias, golpes bajos y difamaciones.

 

Se ensuciaron las manos, pagaron plumas a modo y su estrategia fueron los golpes bajos.

 

Hay mucho en juego: la obra pública es el premio gordo, y el ganador tendrá el control de contratos millonarios.

 

Las caras de la filantropía, de los buenos modales quedó en el olvido. Empresarios y políticos no son distintos. El poder y la ambición los ciegan y hoy la contienda por la CMIC nos lo dejó más que claro.

 

 

*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org