Martes 31 de Marzo de 2026 |
¡Vecinas, vecinos!
Deben saber que en esta vecindad hay historias que parecen inventadas, pero no, son administrativas.
Pues resulta que en Morena Puebla decidieron pagar fotomultas con dinero público. Sí, así como cuando el vecino usa el dinero de la tanda para pagar sus infracciones y luego dice que era “por el bien común”.
Pero tranquilas, tranquilos, que ya salieron a aclarar. Que sí, que fue un error, pero heredado. Porque aquí nadie se equivoca solo. Siempre hay una administración pasada, un fantasma burocrático o un misterio vehicular que explica todo.
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Según la versión oficial, las multas no eran de ellos, sino de unos vehículos que “desaparecieron”. Así, entre comillas y todo. Camionetas que no estaban, que luego aparecieron, que nadie sabía quién usaba, ni cuándo, ni para qué.
Prácticamente autos con vida propia. Uno se imagina la escena: La Urban paseándose sola por Puebla, pasando radares, acumulando multas y luego regresando al corral como si nada. Y claro, cuando reaparecieron, traían más adeudos que estudiante en fin de semestre.
Entonces, ¿qué hizo la dirigencia? Pues pagar. Con dinero del partido. Que, por cierto, no es otra cosa que dinero público. Pero ojo, lo hicieron para “regularizar”. Palabra mágica en esta vecindad. Todo se arregla si le pones “regularización” al final.
Que si pagamos algo indebido… es regularización. Que si no sabemos quién usó los coches… es regularización. Que si no hay bitácoras… es regularización. Y listo, asunto resuelto.
Bueno, casi. Porque el INE no compró del todo el cuento y les dejó una multa de casi un millón de pesos por varias irregularidades, incluyendo estas travesuras automovilísticas.
Pero tampoco pasa nada, porque —y esto es clave— hay otros partidos que están peor. Sí, en esta vecindad también aplica el clásico: “yo debo, pero el de enfrente debe más”. Una lógica impecable.
Eso sí, ya dijeron que aprendieron la lección. Que ahora cada quien pagará sus multas. Que ya no habrá camionetas fantasma. Que todo estará en orden.
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Ahora sí. Como siempre. Al final, lo más entrañable de esta historia no es el error —porque errores hay en todos lados—, sino la explicación. Esa narrativa donde los vehículos desaparecen, las multas aparecen solas y las responsabilidades se diluyen en el tiempo como café en agua. Porque en esta vecindad ya lo sabemos: No es que nadie haya hecho nada, es que, curiosamente,nadie sabe quién fue. * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.
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