Miércoles 03 de Junio de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

Miren ustedes que hay una escena muy poblana que se repite cada cierto tiempo.

 

Cuando aparece un tema incómodo, delicado, polémico, espinoso o simplemente difícil, nuestros diputados y diputadas hacen lo que cualquier estudiante que dejó la tarea para el último minuto:

Piden más tiempo, forman una mesa de análisis, crean otra mesa para analizar la mesa anterior y anuncian un proceso de reflexión profunda que podría durar más que algunas civilizaciones antiguas.

 

Y esta semana volvió a ocurrir con el tema de las infancias trans.

 

El Congreso de Puebla llegó al plazo marcado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, en lugar de presentar una definición, envió una respuesta que podría resumirse en una frase muy mexicana:

"Todavía lo estamos viendo".

 

 

Porque, según la explicación oficial, sigue el "análisis serio".

 

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Y en esta vecindad no dudamos que sea serio, tan serio que lleva meses caminando en círculos.

 

La imagen es casi entrañable, pues mientras la Suprema Corte de Justicia de la Nación pregunta si ya resolvieron, desde Puebla responden: "Seguimos consultando, reflexionando y generando consensos".

Traducido al español político: todavía no nos animamos.

 

¿Por qué el Congreso de Puebla no avanza con el tema de las infancias trans?

 

El asunto tiene todas las características que provocan alergia legislativa: divide opiniones, genera ruido mediático y obliga a tomar postura.

Justamente las tres cosas que muchos políticos prefieren evitar cuando se acercan tiempos electorales.

Por eso el balón va y viene.

 

Que si falta escuchar a la sociedad.

Que si hace falta una consulta.

Que si hay que revisar el marco jurídico.

Que si necesitamos más mesas de trabajo.

Que si debemos construir acuerdos.

Que si mejor vemos qué dice la Suprema Corte de Justicia de la Nación otra vez.

Mientras tanto, el reloj sigue avanzando.

Lo curioso es que la propia dirigencia del Congreso de Puebla ya reconoce que la paciencia de la Suprema Corte podría estar llegando a su límite.

​​​​​​​Pavel Gaspar prácticamente adelantó que el próximo mensaje podría venir con menos diplomacia y más firmeza.

Porque la Suprema Corte de Justicia de la Nación no pidió un ensayo, ni una reflexión filosófica, ni una colección de opiniones ciudadanas encuadernadas en piel.

Lo que pidió fue legislar.

 

Y ahí está el detalle.

 

Porque tarde o temprano el Congreso de Puebla tendrá que agarrar el toro por los cuernos.

 

No importa cuántas mesas se instalen.

No importa cuántos análisis se elaboren.

No importa cuántas veces se patee el bote unos metros más adelante.

Al final habrá que votar.

Sí o sí.

A favor o en contra.

Pero votar.

 

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Y quizá esa es la verdadera razón de tanta cautela, porque mientras el tema permanece en el limbo, nadie se enoja demasiado.

Pero el día que aparezca en el tablero electrónico del pleno, comenzarán los posicionamientos, las críticas, los aplausos y los reclamos.

 

Es decir, comenzará la política.

Por lo pronto, el Congreso de Puebla sigue jugando al escondite con un mandato judicial que no parece dispuesto a desaparecer por cansancio.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación espera.

Los colectivos esperan.

Las y los legisladores esperan.

Y el asunto sigue estacionado en esa zona tan cómoda de la política poblana donde todo está en análisis permanente.

 

El problema es que los plazos legales no suelen ser tan pacientes como los políticos, y cuando llegue el siguiente oficio desde la Ciudad de México, quizá ya no pregunte si siguen reflexionando, quizá pregunte cuándo van a empezar a decidir.

*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org