Jueves 04 de Junio de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

Miren ustedes que hay partidos políticos que pasan años tratando de convencer a la gente de que se afilie…

 

Luego está el PAN poblano que parece haber encontrado una estrategia innovadora: abrir tanto las puertas para que entren nuevos perfiles que algunos de los viejos militantes están aprovechando para salir.

Y es que la semana dejó una escena curiosa, pues mientras la dirigencia estatal presume apertura, inclusión, ciudadanos, expriistas, exaliados y toda clase de fichajes para el 2027, desde el propio Congreso de Puebla surgió una advertencia que sonó más a llamada de auxilio que a comentario político.

Según Marcos Castro, ya hay militantes que decidieron decir "muchas gracias" y entregar las llaves del partido.

Pocos, dirán algunos.

Pero suficientes para encender una luz amarilla. Porque las renuncias nunca son solamente renuncias, sino que son síntomas.

 

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Y cuando los propios panistas comienzan a decir que hay militantes que no se sienten representados por la dirigencia, el problema deja de ser numérico y se vuelve político.

La situación tiene algo de ironía.

 

Durante años el PAN acusó al PRI de convertirse en un partido que expulsaba cuadros, ignoraba a su militancia y terminaba buscando candidatos afuera porque ya no podía encontrarlos adentro.

 

¿Quién es Cielo Aldana y por qué renunció al PAN?

 

Hoy algunos panistas observan con inquietud cómo el espejo comienza a devolver una imagen parecida.

Porque mientras Mario Riestra habla de abrir las puertas a ciudadanos y perfiles externos, hay quienes se preguntan si alguien está verificando que los militantes históricos sigan cómodos dentro de la casa.

El caso de Cielo Aldana resulta especialmente simbólico.

No porque una exdiputada cambie de proyecto político sea una tragedia nacional. Eso pasa todos los días en la política mexicana.

 

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Lo interesante es que terminó encontrando espacio junto a Laura Artemisa García, una figura de Morena.

En otras palabras, una panista terminó sintiéndose más cómoda en los alrededores de la 4T que dentro de su propio partido.

Y eso, para cualquier dirigente opositor, debería provocar al menos una ligera preocupación.

 

Aunque tampoco hay que exagerar, porque en Puebla la política se parece mucho a esas reuniones familiares donde todos anuncian que jamás volverán a verse, hasta la siguiente comida.

Los que hoy renuncian podrían regresar mañana.

Los que hoy critican podrían terminar en la boleta.

Y los que hoy juran lealtad eterna podrían aparecer en otro partido antes de que termine el año.

Así funciona este negocio.

 

Sin embargo, el mensaje de fondo sí merece atención. Porque cuando los militantes empiezan a hablar de falta de representación, de ausencia de identidad y de distancia con la dirigencia, aparece algo mucho más peligroso que una renuncia.

Aparece la indiferencia.

Y esa sí es letal para cualquier partido.

Más aún para uno que viene de perder la gubernatura, la capital y buena parte de los espacios de poder que durante años consideró propios.

Por eso resulta curioso escuchar que no hay fractura.

Tal vez sea cierto. Tal vez no hay fractura.

 

Pero cuando varios ocupantes empiezan a abandonar el edificio mientras la administración insiste en que todo está perfectamente bien, lo mínimo que hacen los vecinos es asomarse para revisar si no hay humo saliendo del sótano.

Porque una cosa es abrir las puertas y otra muy distinta es descubrir que quienes conocen la casa desde hace años ya están buscando domicilio nuevo.

*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org