Lunes 08 de Junio de 2026 |
¡Epa, vecinas y vecinos!
Pues dicen que en política las coincidencias no existen, y cuando aparecen los apellidos repetidos, menos. Y es que en estos días volvió a encenderse uno de esos debates que en Puebla ya parecen tradición familiar: el nepotismo, que unos ven clarísimo y otros aseguran que sólo existe en la imaginación de los malpensados. Resulta que en Morena levantaron discretamente la ceja cuando Lizeth Sánchez defendió el nombramiento de su hermana Karen como coordinadora distrital del PT en San Martín Texmelucan.
Nada grave, nos dicen.
Todo fue decisión de un órgano colegiado. Una evaluación seria. Un proceso interno. Una designación perfectamente institucional.
¡Vamos!
Que la hermana no llegó por ser hermana. La explicación es tan impecable que hasta parece sacada de un manual de derecho administrativo para políticos en aprietos. Del otro lado apareció Andrés Villegas, desde Morena, lanzando una observación diplomática que traducida al español de la calle significa algo así como "yo no digo nada, pero sí digo". Porque aseguró que cada partido tiene sus reglas, aunque sugirió que los aliados deberían evitar prácticas que parezcan nepotismo.
Una maravilla de equilibrio político.
Es como llegar a una comida familiar, ver al tío estacionado en doble fila, ocupando tres lugares y decir: "Yo respeto la manera en que cada quien estaciona su coche, pero considero importante respetar el reglamento de tránsito".
Todos entienden el mensaje.
Lo curioso es que el tema llega justo cuando Morena y sus aliados presumen filtros éticos, candados anticorrupción, depuración de perfiles y revisiones exhaustivas rumbo a 2027. El discurso oficial habla de cerrar el paso a viejas prácticas. La realidad, en cambio, sigue produciendo escenas que parecen sacadas de los tiempos en que los partidos funcionaban más como empresas familiares que como organizaciones políticas. Porque seamos honestos, el problema no es que Karen Sánchez tenga aspiraciones políticas. Tiene todo el derecho, igual que cualquier ciudadano. El problema es que en un país donde la política lleva décadas padeciendo apellidos hereditarios, primos estratégicos, cuñados providenciales y hermanos sorprendentemente talentosos, cualquier coincidencia familiar genera sospechas automáticas.
Y más cuando ocurre dentro del mismo partido que dirige la hermana mayor. Por eso la discusión no se va a apagar pronto.
Mientras Morena pide combatir el nepotismo, el PT responde que no hay nepotismo. Mientras unos hablan de principios, otros hablan de estatutos. Mientras unos señalan, otros se deslindan.
Y en medio de todo queda el electorado, observando cómo los partidos siguen explicando que los parentescos son casualidades de la vida y que los cargos llegan exclusivamente por méritos propios.. Pero en la política poblana hay árboles genealógicos tan frondosos que ya parecen organigramas y esos, por mucho que los riegue un órgano colegiado, siempre terminan llamando la atención. * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org |