Martes 30 de Junio de 2026

¡Epa, vecinas y vecinos!

 

No cabe duda de que hay talentos que merecen reconocimiento, como construir una calle y mantenerla en buen estado… y luego está el superpoder exclusivo de Agua de Puebla, que ve una vialidad recién inaugurada y piensa: "¡Qué bonita quedó... sería una lástima dejarla intacta!”, porque si algo desespera a las y los poblanos no son los baches, es ver cómo los baches nacen con acta de nacimiento.

 

La escena ya es un clásico de la ciudad:

El gobierno pavimenta.

Hay listón.

Hay fotografías.

Hay discursos.

Las y los vecinos respiran aliviados.

Y, unos días después, aparecen las retroexcavadoras de la concesionaria Agua de Puebla para abrir exactamente el mismo tramo. Como si existiera un pacto secreto para demostrar que el cemento todavía estaba fresco.

 

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¿Por qué denunció el gobierno estatal a Agua de Puebla?

 

Lo bueno es que ahora sí, el gobierno estatal decidió decir “hasta aquí” y presentó una denuncia por los daños ocasionados a una vialidad recién rehabilitada y, de paso, entregó a la empresa un calendario de las obras futuras para evitar que sigan jugando al "rompe y compone" con el dinero público.

Y es que, si una dependencia sabe que en quince días se pavimentará una avenida, lo lógico sería que quien administra el drenaje, el agua potable o cualquier instalación subterránea aproveche para hacer primero sus trabajos.

 

Pero en Puebla, durante años, el orden de los factores pareció ser exactamente al revés.

Primero el asfalto.

Después el hoyo.

Luego el parche.

Y finalmente el eterno desnivel que termina convirtiéndose en otro bache seis meses después.

Una obra pública con garantía de autodestrucción.

Eso sí, esta vez el gobernador Alejandro Armenta no se quedó en el simple regaño.

 

Además de la denuncia, volvió a lanzar una crítica frontal contra la concesionaria. Dijo que cobra caro, presta mal el servicio y que muchas colonias siguen esperando el agua que sí llega puntualmente, pero en el recibo. Una frase que seguramente muchos usuarios firmarían sin leer la letra chiquita.

Porque, seamos sinceros, pocas empresas han logrado algo tan extraordinario como poner de acuerdo a vecinos de todas las colonias. No importa si viven en el norte, el sur, el centro o la periferia, pues cuando el tema es Agua de Puebla, las quejas parecen hablar el mismo idioma.

 

Que si no hay suministro.

Que si llega una hora al día.

Que si el recibo aumentó.

Que si para reportar una fuga hay que encomendarse a todos los santos.

Y ahora, además, que si rompen calles recién estrenadas.

Una colección bastante completa.

 

Desde luego, la empresa tendrá derecho a defenderse y explicar por qué fue necesario intervenir esa vialidad. Eso corresponde a las autoridades. Pero más allá del expediente jurídico, el fondo del asunto es otro: ¡la coordinación!

Porque cada peso invertido en pavimentar una calle sale del bolsillo de la ciudadanía, y volver a romperla unos días después es como comprar un coche nuevo para inmediatamente llevarlo al taller a desarmarlo.

 

No parece la mejor estrategia administrativa, quizá esta denuncia sirva para algo más que alimentar archivos.

Tal vez obligue, por fin, a que quienes construyen y quienes excavan se sienten en la misma mesa antes de convertir las calles en un rompecabezas permanente.

Porque Puebla ya tiene suficientes hoyos naturales en su vida cotidiana, no hace falta fabricar más, especialmente sobre pavimento recién colocado.

 

Y si alguien todavía duda del enojo ciudadano, basta con asomarse a cualquier colonia cuando aparece una retroexcavadora frente a una calle recién inaugurada.

No faltará quien pregunte, con toda la lógica del mundo:

¿Pues no que apenas la habían terminado?

Y esa, quizá, sigue siendo la pregunta más cara de toda la concesión.

 

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*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org