Miércoles 08 de Julio de 2026 |
¡Vecinas, vecinos!
Hay materias donde sacar 9 de 31 puntos sería motivo suficiente para repetir el curso, pero la mera verdad parece que en Puebla existe un sistema de evaluación alterno donde reprobar con entusiasmo también cuenta como "cumplimiento". Y es que resulta que Agua de Puebla compareció ante el Congreso de Puebla y, con la tranquilidad de quien llega al examen sabiendo que el profesor ya decidió pasar a todos, informó que de 31 indicadores de desempeño apenas cumplió nueve.
O sea, falló en 22. Pero no pasa nada. Tranquilos. Porque, según el SOAPAP, esos incumplimientos no son "graves".
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Así que respiremos tranquilos porque no importa que la empresa repruebe casi tres cuartas partes del contrato. Lo importante es que, jurídicamente, no reprobó... ¡tanto!
Es una lógica fascinante.
Imagínese llegar con su patrón y decirle: “Jefe, de las 31 tareas que me encargó sólo hice nueve, pero no son incumplimientos flagrantes”. A ver cuánto dura uno sentado en la oficina. O mejor todavía, que un estudiante entregue nueve respuestas correctas de 31 y reclame su diploma porque "las otras respuestas no fueron incorrectas de manera grave".
Pero Agua de Puebla sí puede.
Y es que la comparecencia dejó una sensación extraña, pues mientras el gobierno estatal lleva semanas señalando a la concesionaria por abrir calles recién pavimentadas, cobrar caro y dejar colonias enteras sin agua, el informe técnico termina diciendo algo parecido a: "Sí incumple, pero no lo suficiente como para enojarnos".
Es como descubrir que el Titanic tiene un hoyo enorme, pero concluir que todavía no entra tanta agua como para preocuparnos.
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¿Por qué no han tomado medidas contra Agua de Puebla?
Lo más llamativo es que el propio contrato parece convertirse en un escudo. Si el concesionario falla en la mayoría de los indicadores, pero esos fallos no alcanzan el nivel de "grave", entonces todo sigue igual.
¿Qué tendría que pasar para que sí fuera grave? ¿Que salga agua con sabor a horchata? ¿Que las fugas ya tengan nombre y apellido? ¿O que los vecinos tengan que pedir permiso para bañarse?
Mientras tanto, la empresa presume inversiones millonarias, nuevos pozos y más usuarios con servicio varios días a la semana.
Y qué bueno. Toda mejora siempre será bienvenida.
El problema es que esa narrativa convive con el día a día, donde colonias donde el agua sigue llegando por tandas, fugas que duran semanas, pavimentos abiertos una y otra vez y ciudadanos que conocen mejor la ruta de la pipa que la del suministro regular. Por eso la comparecencia terminó pareciendo un ejercicio de traducción simultánea. Los diputados escuchaban "22 indicadores incumplidos". La explicación oficial decía que: "no hay problema". La ciudadanía probablemente entendieron otra cosa: "todo sigue igual". La verdad, vecinas y vecinos, una concesión no se mide únicamente por tablas, porcentajes o tecnicismos jurídicos, sino también se mide por la paciencia de quienes abren la llave esperando que, esta vez sí, salga agua. Y esa paciencia, a diferencia de los indicadores, hace mucho que dejó de cumplir la meta. * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
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