Martes 14 de Julio de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

Pues ahora resulta que el Instituto Electoral podría convertirse en algo así como el filtro de seguridad de la política poblana.

“¿Trae identificación? ¿Antecedentes? ¿Algún vínculo con grupos delincuenciales? Pase por favor a la siguiente ventanilla”.

La iniciativa presentada en el Congreso de Puebla busca crear una Comisión de Verificación de Integridad en Candidaturas para revisar que quienes aspiren a un cargo público no tengan relaciones incómodas con el crimen organizado.

 

La intención, por supuesto, suena sensata.

Nadie quiere que un candidato llegue a una boleta con más expedientes que propuestas.

 

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El problema es que la discusión deja flotando una pregunta bastante incómoda:

¿Y entonces para qué existen los partidos políticos?

 

Porque, hasta donde uno recuerda, ellos deberían ser la primera aduana, la primera puerta, el primer filtro, los responsables de revisar trayectorias, reputaciones, antecedentes y, sobre todo, de decidir quién merece representar sus colores.

Sin embargo, pareciera que la lógica actual es distinta.

 

Los partidos reciben a cualquiera que llegue con estructura, dinero, operadores o posibilidades de ganar una elección... y después esperan que el INE, el IEE, la Fiscalía, la inteligencia financiera o el vecino de la esquina descubran si había un pequeño detalle en el currículum.

Como quien compra un coche sin abrir el cofre y luego le pide al mecánico que le diga si el motor sirve.

La iniciativa incluso plantea algo interesante: si existe un "riesgo razonable" de vínculos con actividades ilícitas, no se impedirá automáticamente la candidatura, sino que simplemente se notificará al partido.

 

Es decir, el árbitro les dirá:

—Oigan, encontramos algunas cosas preocupantes.

 

Y entonces el partido decidirá si lo postula, o hace como que no escuchó, porque al final la decisión seguirá siendo política.

Y ahí está el verdadero cuello de botella.

No hace falta inventar escenarios hipotéticos, pues la política mexicana está llena de candidatos que, curiosamente, todos "desconocían" hasta que fueron detenidos, investigados o exhibidos públicamente.

Entonces llegan las conferencias de prensa.

 

"Nos engañó”.

"No sabíamos”.

"Ocultó información”.

"Confiamos en su palabra”.

 

Como si los partidos fueran víctimas de una elaborada estafa y no organizaciones con comités, dirigencias, operadores territoriales y estructuras que conocen perfectamente quién mueve los hilos en cada municipio.

Pero hay que ser sinceros, pues con una política donde muchas veces pesa más la rentabilidad electoral que la reputación, la iniciativa puede ser un avance, ya que toda herramienta que ayude a blindar las candidaturas vale la pena.

Eso sí, hay que tener cuidado con convertir al Instituto Electoral en el departamento de Recursos Humanos que hace el trabajo que los partidos decidieron dejar de hacer, porque la integridad de una candidatura no debería empezar en una comisión.

 

Debería empezar en la oficina del dirigente que firma la postulación.

Si los partidos renuncian a ser el primer filtro, ninguna comisión alcanzará para limpiar la boleta.

Y entonces seguiremos viendo el mismo espectáculo de cada elección: todos prometen combatir la infiltración criminal,después de haberle entregado el registro al candidato.

 

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*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org