Miércoles 15 de Julio de 2026 |
¡Ya hay lista, vecinas y vecinos!
Y es que veinticuatro personas dijeron que: “Sí, yo quiero dirigir el Instituto Electoral del Estado (IEE) de Puebla”. Hay que reconocerles el valor, la mera verdad, porque aceptar una responsabilidad de ese tamaño en vísperas de la elección de 2027 es algo parecido a levantar la mano para arbitrar un clásico con las dos porras encima, y sin silbato de repuesto. El Instituto Nacional Electoral (INE) ya depuró la primera etapa y dejó a 24 aspirantes -13 mujeres y 11 hombres- que ahora deberán pasar exámenes, evaluaciones y entrevistas antes de que queden únicamente dos personas: quien presidirá el Instituto Electoral Electoral (IEE) y quien ocupará una consejería.
Hasta ahí, todo bien.
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El procedimiento existe para garantizar que lleguen perfiles técnicos, independientes y con capacidad para conducir una elección que, desde hoy, promete ser cualquier cosa menos tranquila. Porque mientras ellos hacen exámenes gerenciales elaborados por la UNAM, allá afuera los partidos ya empezaron el calentamiento.
Morena afila sus encuestas. El PAN busca reencontrarse consigo mismo. Movimiento Ciudadano anda repartiendo aspiraciones. Los nuevos partidos buscan sobrevivir. Y los políticos ya comenzaron el deporte favorito del sexenio: bardear, destaparse y jurar que “todavía no son tiempos”. Es decir, el próximo presidente o presidenta del IEE recibirá un campo minado y con cronómetro incluido. Y no faltará quien, apenas sea designado, empiece con las teorías de siempre. Que si llegó por Morena. Que si responde al PAN. Que si tiene simpatías naranjas. Que si una vez saludó a un diputado en un café y eso prueba todo.
Porque en México los árbitros electorales tienen una curiosa característica: son imparciales, hasta que emiten una resolución que no le gusta a algún partido. Ahí, automáticamente, se convierten en operadores políticos. ¿Cuál será la primera misión del nuevo presidente o presidenta del IEE?Lo interesante es que la renovación llega justo antes del arranque formal del proceso electoral, así que no habrá mucho tiempo para aprender dónde está el interruptor de la oficina. Prácticamente será llegar, desempacar la computadora y comenzar a administrar impugnaciones, denuncias, medidas cautelares, campañas adelantadas y conferencias de prensa donde todos se declararán víctimas.
No, no es un trabajo para cualquiera. Pero tampoco debería ser un premio político.
Porque el IEE será, otra vez, el encargado de poner orden mientras los partidos hacen exactamente lo contrario.
Así que ojalá, entre esos 24 perfiles, termine llegando alguien que entienda que el cargo no consiste en agradarle a los actores políticos. Consiste, precisamente, en molestarlos por igual.
Porque si al final de la elección Morena dice que el árbitro estaba cargado hacia el PAN, el PAN asegura que favoreció a Morena, Movimiento Ciudadano se siente agraviado y los partidos pequeños presentan recursos por deporte, quizá, sólo quizá, el IEE haya hecho bien su trabajo.
En política, vecinas y vecinos, a veces la mejor prueba de imparcialidad es que nadie termine completamente contento.
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Acuérdense que el que se enoja pierde.
Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org
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