Martes 04 de Agosto de 2026

¡Vecinas, vecinos! 

 

Bien se sabe que hay quienes llegan al Congreso de Puebla a legislar y hay quienes parecen convencidos de que obtuvieron un contrato de exclusividad para producir contenido…

Últimamente algunas diputadas han confundido la curul con un set de grabación, la tribuna con un foro de influencers y el trabajo parlamentario con una temporada permanente de reality show.

La más reciente entrega de esta serie se llamó “Descasadas” y, como toda producción que busca vivir del algoritmo, terminó generando exactamente lo que el algoritmo premia: polémica, indignación, tendencias, capturas de pantalla y, por supuesto, el inevitable comunicado de disculpas.

Porque ya conocemos el guion, vecinas y vecinos. Primero se dice algo buscando ser “auténticas”, “sin filtros” o “hablando como cualquier persona”, después llegan las críticas; entonces aparece el clásico “me sacaron de contexto” y finalmente llega la disculpa pública.

 

El ciclo completo del contenido político contemporáneo.

 

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¿Se descontextualizaron los comentarios de Nayeli Salvatori y Graciela Palomares?

Esta vez (como muchas otras veces) las protagonistas fueron Nayeli Salvatori y Graciela Palomares, quienes terminaron ofreciendo disculpas a las personas adultas mayores después de que fragmentos de su podcast provocaran una fuerte reacción en redes.

Lo curioso es que ambas sostienen que sus comentarios fueron descontextualizados porque las redes sociales tienen esa mala costumbre de convertir veinte segundos en una sentencia, pero también, cuando uno ocupa una diputación local, el contexto deja de pertenecer únicamente a quien habla, sino que también pertenece al cargo que representa.

 

Porque ya no eres solamente Nayeli o Graciela.

 

Eres diputada.

 

Lo preocupante no es únicamente este episodio, sino la espectacularización permanente del oficio legislativo. Y es que da la impresión de que algunos representantes populares viven convencidos de que su principal responsabilidad es mantenerse vigentes en el feed.

 

Todo debe convertirse en contenido.

Si hay una sesión, contenido.

Si hay una discusión, contenido.

Si hay una ocurrencia, contenido.

Si hay un podcast, mejor.

Y si además genera escándalo... ¡todavía mejor!

Algoritmos vs función legislativa

El problema es que mientras el algoritmo premia las frases explosivas, la función legislativa exige exactamente lo contrario; es decir, profundidad, prudencia y responsabilidad, porque legislar rara vez produce millones de reproducciones.

 

Revisar un dictamen no se vuelve viral.

Analizar un presupuesto no rompe internet.

Construir consensos difícilmente genera memes.

¡Pero para eso fueron electos!

No para competir con los creadores de contenido.

 

Y no, esto no significa que las y los legisladores deban vivir encerrados en una oficina hablando únicamente en lenguaje jurídico, pues la política necesita cercanía, formatos nuevos y comunicar mejor… ¡Pero comunicar no significa convertir cada aparición pública en un casting para TikTok!

Porque cuando la política se convierte únicamente en entretenimiento, el debate público termina reducido al escándalo de la semana.

 

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Mientras tanto, las iniciativas siguen esperando turno, las comisiones continúan sesionando lejos de los reflectores, los problemas de Puebla permanecen exactamente donde estaban.

 

¡Eso sí!, el podcast ya tuvo otro capítulo.

 

Y quizá ahí está el verdadero síntoma de estos tiempos, pues hay legisladores y legisladoras que producen más contenido que leyes y eso, aunque genere muchas vistas, difícilmente mejora la vida de quienes votaron por ellos.

 *

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org