Miércoles 05 de Agosto de 2026 |
¡Vecinas, vecinos!
Bien dicen que hay una vieja regla no escrita de la política mexicana… Cuando el problema es pequeño, se presume como logro propio, pero cuando el problema explota, se manda a otra ventanilla.
Y Morena Puebla acaba de dar una auténtica clase magistral de ese deporte.
Después del escándalo provocado por las declaraciones de las diputadas Nay Salvatori y Grace Palomares en un podcast, uno pensaría que la dirigencia estatal saldría a fijar una postura firme. Después de todo, se trata de dos legisladoras poblanas, militantes poblanas, electas por Puebla y cuya conducta impacta directamente en la imagen del partido en el estado.
¡Pero no!
La respuesta fue casi burocrática: eso lo verá la dirigencia nacional. Traducción libre: la bolita es del nacional.
¡Vaya lavada de manos! ¿Cómo reaccionó Olga Romero ante el escándalo de Salvatori y Palomares?Una cosa es que la Comisión Nacional de Elecciones tenga la última palabra sobre futuras candidaturas, y otra muy pero muy distinta es que la dirigencia estatal parezca incapaz de asumir cualquier responsabilidad política sobre los perfiles que representan a Morena en Puebla. Resulta curioso que cuando hay triunfos electorales, los liderazgos locales aparecen sonrientes en la fotografía, cuando las estructuras territoriales funcionan, el mérito es de Morena Puebla, cuando un municipio se gana, todos levantan la mano, pero cuando dos diputadas protagonizan una polémica nacional, “eso ya le toca a México."
Así cualquiera dirige un partido, ¿no creen?
La propia Olga Romero Garci Crespo dijo que Morena no puede controlar lo que dicen las diputadas.
Y tiene razón.
Nadie pretende que exista un sensor partidista revisando cada palabra antes de que alguien abra un micrófono. Pero lo que sí puede hacer una dirigencia es fijar una posición política clara sobre el comportamiento de sus representantes, porque una cosa es la libertad de expresión y otra muy distinta es la responsabilidad partidista. Y ahí es donde el discurso empieza a hacer agua, porque Morena presume ser un movimiento sustentado en principios, habla constantemente de ética pública, de transformación, de cercanía con el pueblo y de respeto a los grupos históricamente discriminados. Entonces, cuando alguno de sus propios cuadros contradice ese discurso, la primera respuesta debería venir precisamente del partido que los postuló, ¡no del escritorio de otra ciudad!
Porque, seamos sinceros, el problema no nació en la sede nacional.
¡Nació aquí!
Las diputadas son locales, el Congreso es local. Las y los ciudadanos que las eligieron son poblanos, la dirigencia que las acompaña políticamente también lo es. Entonces resulta difícil entender por qué la explicación termina viajando hasta la Ciudad de México. Quizá porque es más cómodo, porque siempre existe esa tentación de convertir cualquier conflicto en asunto de alguien más.
La Federación. El Comité Nacional. La Comisión. El Consejo. La instancia correspondiente. La ventanilla número siete.
Mientras tanto, nadie responde de manera directa. Y hay otro detalle interesante. Olga Romero Garci Crespo aseguró que las diputadas deben conducirse conforme a los principios del movimiento.
¡Perfecto!
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Pero, ¿quién cuida que los principios de Morena se respeten en Puebla?Si la respuesta es "la dirigencia nacional", entonces habría que preguntarse exactamente cuál es la función política de la dirigencia estatal más allá de organizar conferencias de prensa y coordinar actividades partidistas.
¡Ojo, doña Olga!
Los partidos no sólo existen para registrar candidaturas, también sirven para formar cuadros, establecer límites políticos y asumir responsabilidades cuando alguno de los suyos cruza la línea.
¡Eso también es hacer política! Y hacerlo desde lo local.
Al final, quizá la Comisión Nacional de Elecciones determine si Nay Salvatori y Grace Palomares pueden o no competir en 2027, esa sí es una facultad nacional. Pero dar la cara por el partido en Puebla, esa no debería delegarse. Porque cuando la responsabilidad siempre termina siendo de otro, la política acaba convertida en ese juego infantil donde todos se pasan la pelota esperando que el tiempo se agote. Y mientras la bolita sigue rodando rumbo a la Ciudad de México, en Puebla muchos siguen esperando que alguien, por fin, se haga responsable de recogerla.
No te vayas sin leer: En el Congreso de Puebla hay diputadas que legislan poco y graban mucho… ¿Verdad, Nay y Grace? * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
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