VARIELALIA

Miguel Campos Ramos  La amistad en la política  A menudo, se escuchan preguntas como las siguientes, tanto entre ciudadanos de café, como entre periodistas, e incluso entre los propios políticos: ¿por qué fulano ya no se lleva con zutano, si eran tan cuates; ¿por qué mengano ya se cambió de partido, si había jurado amor eterno al que lo vio nacer y gracias al cual logró cargos?; ¿por qué perengano traicionó a mengano?; etc. Siempre he pensado que la literatura tiene respuestas para muchas cosas, incluso para la política. Por ejemplo, me gusta citar mucho un pasaje de La Ilíada, de Homero, en el cual Hera le pregunta a su marido, Zeus, acerca de lo que habló con Tetis –la madre de Aquiles– en lo oscuro de los jardines del Olimpo. Hera no sabe que Tetis le pidió acabar con la guerra entre troyanos y griegos, y además está celosa. En la noche se lo pregunta en el lecho conyugal, y Zeus le responde: “No esperes conocer todas mis decisiones, pues te resultará difícil aun siendo mi esposa. Lo que pueda decirse, ningún dios ni hombre lo sabrá antes que tú; pero lo que quiera resolver sin contar con los dioses, no lo preguntes ni procures averiguarlo”. Esta referencia viene pero que ni pintada para algunos columnistas que creen tener información privilegiada y confiable, o para algunos políticos que ya se sienten en un cargo, sin saber ambos que quien decide puede esperar hasta el último minuto y todavía entonces cambiar su decisión. Volviendo a las preguntas del párrafo inicial, respecto a la amistad, los cambios de ideología o las traiciones, la respuesta la tiene Epicteto, ni más ni menos que el esclavo latino vuelto filósofo, en su libro Máximas. Justamente cuando habla de la amistad, en la sexta Máxima, establece: “¿Ves esos perros que están jugando? Diríase que son los mejores amigos del mundo, a juzgar por sus fiestas, sus caricias, su bullicio y sus lametones, ¿verdad? Pues echa en medio de ellos un hueso y verás lo que ocurre. Esta suele ser la amistad entre padres, hijos y hermanos. En cuanto se ofrece un motivo de disputa, dinero, tierras, una querida, bienes de cualquier clase, ya no hay padre, ni hijo, ni hermano”. Qué pena que la política se haya vuelto tan mezquina debido a un motivo tan poderoso como es el dinero. En los meses venideros, tanto nacional como localmente, seremos testigos de muchas de estas manifestaciones de “enemistad” propiciadas por la pugna que se avecina, primero con la selección de candidaturas, después con las contiendas políticas, pues en el fondo todo es asunto de dinero. Andrés Manuel López Obrador pregonaba “dar amor”, en el buen sentido, pues sólo él puede salvar a los mexicanos, sostenía el Peje. La amistad es otro gran tema. Donde existe y es verdadera, sobran las leyes, y no hay poder ni dinero que las rompa, al menos hasta que la tentación sea tan grande que haga lo que el hueso a los perros de Epicteto. Pero al menos durará un poco más. miguel@dicionesmagno.com, www.edicionesmagno.com, twitter: @miguelcamposram, blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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