VARIELALIA

Miguel Campos Ramos Más sobre la seguridad pública en Puebla Hace tiempo, en el entendido de que aún estaba la luz preventiva del semáforo, y previa revisión de que no había personas con intención de atravesar, di vuelta a la derecha en una esquina. Dos calles adelante me alcanzó una patrulla vial con dos agentes y me “orillé a la orilla”. Claro, como marcan los cánones, no bajé del vehículo. Huelga decir que estaba molesto, preguntándome de dónde habían salido tan rápido, por qué cuando hay un acto delictivo no se aparecen hasta pasados muchos minutos, a veces horas, cuando ya los delincuentes han puesto pies en polvorosa. En fin, estoicamente, respirando fuerte, vi que un agente se acercó. -Se pasó la luz roja. -No era la roja, era la preventiva. -De todos modos es infracción –dijo, firme, ya con su bloccito de infracción en la mano, en actitud amenazante. Traté de defenderme: -Oiga, oficial (así hay que hablarles, a veces se la creen y funciona, es una especie de soborno lingüístico; o también díganles “jefe”), era la luz preventiva y además no pasaba ninguna persona ni vehículo, y di vuelta con cuidado. -De todos modos es infracción, lo que hizo pone en riesgo a las personas y a otros conductores –terqueó. Me alteré y dije más o menos: -Caray con ustedes (es eufemismo, pues desde luego no dije “caray”), cómo le hacen, dónde están escondidos que nadie los ve, nadamás a la espera de que alguien cometa una infracción para alcanzarlo y cazarlo, parecen los velocirraptores de “Parque jurásico”, ¿por qué no se aparecen cuando se les necesita, en un accidente, por ejemplo, o durante un atraco, o por qué no, ya que andan circulando por todas partes, reportan los baches para que los tapen de inmediato, pues eso sí ponen en peligro a las personas y a otros conductores. Lo dije de corrido, con enojo y sinceridad a la vez, pensando realmente que estos señores de tránsito, quienes dizque cumplen funciones de policía (con lo cual se vuelven más intimidantes), podrían contribuir a inhibir el crimen y los actos delictivos si en lugar de andar buscando a quien infraccionar (a veces mediante un sutil modo de extorsión), de veras circularan checando la situación de las calles, protegiendo a la gente de bien. Sin necesidad de tanta alharaca de parte de los encargados de seguridad pública, ni el dizque despliegue de estrategias anticrimen que no están funcionado, ¿por qué no usan simplemente lo que tienen a mano y coadyuvan verdaderamente a minimizar el índice delictivo, cada vez mayor y, sobre todo, más violento en nuestra ciudad de Puebla? En efecto, tanto ladrón, extorsionador y asaltante (me refiero a la mayoría de agentes de tránsito y patrullas de policía) que circulan por las calles en vehículos que todos pagamos con nuestros impuestos, podrían contribuir al propósito referido. (Nota: honor a quien honor merece: hay elementos, tanto de tránsito como policíacos, que sí hacen su labor con ética; lamentablemente son los menos, pues si fueran los más, la seguridad pública en Puebla sería otra cosa). miguel@dicionesmagno.com www.edicionesmagno.com twitter: @miguelcamposram blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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