VARIELALIA

Miguel Campos Ramos  ¿Son caros los libros?  Ésta es una recurrente y vieja cuestión, que no deja de ser otro de los pretextos para justificar la falta de lectura. Hace algunos años, para ser preciso, en 1997, publiqué mi primera novela, titulada Las impertinencias. Como solemos hacer quienes publicamos un libro, se lo enviamos a uno que otro periodista, a ver si nos abre espacio en su medio para promoverla. Lo hice y, no sin asombro para mí, uno de ellos me llamó para una entrevista a la mañana siguiente en su programa de radio. Al final de la entrevista, llegó la inevitable pregunta: “¿Cuánto cuesta?” Mi respuesta fue (en ese entonces) “Cincuenta pesos”. Él comentó: “Menos que una cubeta de cerveza, o que dos whiskys, y además no hace cruda”. Por esos tiempos, al escritor español Arturo Pérez Reverte lo entrevistó una periodista en alguna taberna de Madrid, y ahí, al calor de unos vinos y el sabor de unos quesos, ella le hizo la misma pregunta, obviamente aludiendo al asunto del alto costo de sus libros, y de los libros en general, como posible razón para no leer. Pérez Reverte le dijo algo así: “Bueno, nos van a salir más caros estos tragos y estos quesos que lo que el libro cuesta”. Con ello quiso decir: “los libros no son caros”. El tema sin duda es polémico, sobre todo en un país como el nuestro, donde hay tanta carencia y por eso muchos la piensan antes de animarse a comprar un libro, pues bien mirado con su costo podrían comer un día, o hasta dos. El asunto es que no sólo de pan vive el hombre, y, como reza el lugar común, es más cara la ignorancia. Además, bien mirado también, la compra de un libro no es dinero mal invertido. El pago de un ejemplar puede beneficiar varias personas. Por ejemplo, lo pueden leer todos los miembros de una familia. O si se trata de una compra escolar, lo pueden leer varios alumnos. En algunas presentaciones que hago de mis libros ante estudiantes, les propongo que cooperen y adquieran un ejemplar para leerlo juntos y después quizá rifárselo. Asimismo, de un libro se extraen conocimientos que pueden, a mediano plazo, compensar el pago, pues ahorrará gastos cuando gracias a ellos se aprende a realizar cosas por las habría que pagar. Ejemplos: Alguien que se vaya a titular puede adquirir un libro de técnicas de investigación y evitarse pagar por un curso para aprender a investigar. O quien debe redactar un discurso puede adquirir un libro que le ayude a integrar el contenido y así saldrá del apuro. O quien estudia una profesión, adquirirá los conocimientos que después le permitirán cobrar para vivir. Y ni se diga de quienes se dedican a actividades técnicas, como la cocina, el deporte, la reparación de aparatos, las artesanías, etc., y que siempre tendrán en un libro a un maestro cuya enseñanza es más barata que la de un maestro de carne y hueso. miguel@dicionesmagno.com, www.edicionesmagno.com, twitter: @miguelcamposram, blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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